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Memoria del Encuentro
Hispanoamericano del Milenio
de Video Documental Independiente:
Contra el Silencio Todas las Voces


LAS MESAS REDONDAS: VIDEO Y SOCIEDAD
Lunes 26, Martes 27, Miércoles 28,
Jueves 29 de Junio del 2000
Casa de Cultura «Jesús Reyes Heroles»
Ciudad de México

 

· Movimientos Sociales: Urbanos, Populares, Campesinos y Armados
· Movimientos en Torno a la Defensa de: la Democracia y la Paz, los Derechos Humanos y la Diversidad Sexual
· Indígenas
· Mujeres

 



MESA REDONDA:
MOVIMIENTOS SOCIALES: URBANOS, POPULARES, CAMPESINOS Y ARMADOS.

Moderador: Lic. Lucio Oliver Costilla
Investigador del CELA de la Facultad de Ciencias Políticas y Sociales de la UNAM.

Participan la Dra. Paulina Fernández Christlieb, la Lic. Sonia González Rivero, el Lic. Héctor Cervera Gómez, el Dr. Carlos Martínez Assad y el Realizador argentino Humberto Ríos.

 

Intervención de Paulina Fernández Christlieb, doctora en Ciencia Política por la UNAM y actualmente Profesora de Carrera de la Facultad de Ciencias Políticas y Sociales de la misma universidad.

«FUNCIONES SOCIO-POLÍTICAS DEL VIDEO INDEPENDIENTE»

El video independiente seguramente adolece de problemas similares y se enfrenta con los mismos obstáculos que tiene todo trabajo, toda actividad, toda organización y toda persona que pretenda ser y vivir libremente, esto es, sin estar vinculado al Estado ni subordinado a las leyes del mercado, sin vivir sometido al poder económico ni político.

Simultáneamente y de manera especial frente a los movimientos sociales y ante los conflictos políticos de las últimas décadas, el video documental independiente y comprometido con los pueblos en lucha, ha devenido un medio de apoyo a la resistencia y una forma de resistencia en sí mismo, en contraste con los modernos mecanismos de control político sobre la población, que utilizan la imagen como su eficaz aliado.

Son las características anteriores las que permiten suponer que este tipo de video puede escapar a las críticas que se concentran en denunciar el peligro que para el ser humano representa la preponderancia de lo visible sobre lo inteligible, el riesgo de ver sin entender. "el video -afirma Sartori-está transformando al homo sapiens, producto de la cultura escrita, en un homo videns para el cual la palabra está destronada por la imagen."

Muchas pueden ser las funciones del video, mas ahora interesa comentar el papel del género documental como testimonio de movimientos sociales que han decidido intensificar la lucha política contra el estado de las cosas, por la vía armada. El trabajo documental independiente, de videoastas comprometidos, ha jugado una función social y política múltiple:

· En primer lugar, ha registrado y difundido acontecimientos que la sociedad civil en general no podría haber presenciado, y que la mayoría de los medios masivos no ha estado dispuesta a difundir.

· En segundo término, esos testimonios se han convertido con mucha frecuencia en registros duraderos de acontecimientos, en contribuciones a la memoria para la historia de un pueblo, más allá de sus protagonistas.

· En tercer lugar, ha desempeñado una labor de verdadera comunicación, de envío de mensajes de ida y vuelta, entre la sociedad civil, nacional e internacional, y los núcleos clandestinos de los movimientos armados.

· Finalmente, sin pretender ser exhaustiva, la circulación internacional de la información e imágenes independientes, ha contribuido en momentos decisivos a contener las ofensivas gubernamentales contra los grupos insurgentes, evitando así la tentación de sofocar militarmente los conflictos socio-políticos.

Para Giovanni Sartori, "la aldea global" de Mac Luhan, en realidad no es tal porque parte del mundo permanece oculta ante los ojos de la otra parte: "La cámara de televisión entra fácil y libremente en los países libres; entra poco y con precaución en los países peligrosos; y no entra nunca en los países sin libertad. De lo que se deduce que cuanto más tiránico y sanguinario es un régimen, más lo ignora la televisión y, por lo tanto, lo absuelve." Masacres ocurridas en diversos países no han existido para la mayoría de la población mundial, simplemente porque la televisión no ha llegado hasta el lugar de los hechos o, porque las imágenes de esos acontecimientos no han sido profusamente difundidas. Sobran razones para pensar que los gobiernos responsables de esas masacres son los más interesados en que no se conozca esa realidad interna.

La anterior apreciación podríamos hacerla extensiva a países como México o -para decirlo con mayor precisión-, a ciertas regiones de México ignoradas por la televisión. Baste recordar la matanza de Acteal, municipio de Chenalhó, en Chiapas, el 22 de diciembre de 1997, cuyos responsables físicos, intelectuales y políticos, actuaron con la certeza de una ausencia absoluta de testigos externos. No se conocen imágenes videograbadas, ni fotografiadas, de lo sucedido durante esas horas de terror, dolor y muerte. No es muy difícil poner obstáculos a la prensa, aunque ésta no sea comercial, para que no se interese ni se interne en zonas peligrosas o prohibidas, cuando un gobierno se lo propone porque así conviene a su política interior. A esa otra mitad del mundo a donde no llegan las cámaras de televisión, el video documental independiente puede acceder para que no ignoremos, para que no nos olvidemos del lado oscuro del mundo.

En la llamada zona de conflicto de Chiapas, cuyas fronteras cambian según las necesidades del gobierno, el control sobre los visitantes y la expulsión de los nacionales de otros países, han sido práctica generalizada y cada vez más intensiva. El objetivo es impedir que la gente se lleve consigo testimonios de la militarización de los caminos y comunidades, de las violaciones flagrantes a las garantías individuales, de las limitaciones de facto a los derechos y libertades constitucionales, de la guerra silenciosa. En esta lucha del gobierno mexicano por ahuyentar y combatir a los testigos, quienes pueden captar testimonios y llevarlos en imágenes al resto del mundo, son los expulsados preferidos.

Los documentales independientes han cumplido una función social y política, digna de reconocimiento para quienes los graban. A diferencia de los que sólo cargamos con nuestras ideas, con nuestros pensamientos, con nuestra conciencia, que no se ven ni se notan mientras guardamos silencio, los videoastas se arriesgan por el solo hecho de viajar con su equipo de trabajo. De la misma manera que la prepotencia de policías y soldados se ve reforzada cuando empuñan una cámara de video y la utilizan como arma para intentar vencer las convicciones expresadas en solidaridad, y confirmadas con la presencia en la llamada zona de conflicto, así también soldados y policías se sienten amenazados ante una cámara que se llevará su rostro, su actitud, sus infracciones.

La socialización internacional de las experiencias y testimonios de grupos armados locales, es una muy importante función de los videos documentales independientes. En diversos encuentros internacionales se ha introducido como una novedosa modalidad la participación a través del video. No es por casualidad que sean los grupos guerrilleros de diversos países de América Latina, los grupos armados, en pie de lucha, clandestinos, los que no pudiendo hacerse presentes en persona, recurran al material videograbado para transmitir y hacer reproducir sus mensajes.

Como quiera que sea es un material que transmite las vivencias, los conflictos, los protagonistas, en imágenes. Imágenes en una época en que ya la televisión ha andado un buen trecho en la conformación de la conducta y hábitos de la gente, acostumbrada cada vez más a recibir lo que le manden en una pantalla. Todo lo que pueda haber ya distorsionado la televisión, todo lo que de negativo y perjudicial para la mente humana pueda tener la adicción a la imagen, puede transformarse si en lugar de programas enajenantes y desinformantes, la gente puede tener a la mano videos con testimonios edificantes, estimulantes, enaltecedores, con ejemplos dignos de imitarse. Puede servir también para rescatar, recuperar valores perdidos o muy olvidados a favor de valores ajenos, por culpa de los intereses dominantes, los que sustentan como ejemplo a seguir los señores del poder económico y político, asociados cada vez más al comercio y al consumo, a la injusticia y al abuso, a la corrupción y al crimen.

El gran reto del video independiente, también llamado alternativo, es que deje de ser marginal sin dejar de cumplir con las funciones socio-políticas que ha venido desempeñando en los últimos años. Con coordinación, esto es, con organización, la Red que se están proponiendo construir en este Encuentro Hispanoamericano puede ser la respuesta inicial.

Pero para cumplir cada vez más ampliamente y de mejor manera dichas funciones se requiere de una Red que no sea sólo para expresarse solidaridad entre los videastas, ni para hacerse saber de sus mutuas existencias y confirmar la semejanza de sus problemas, sino una Red que incluya la producción y sobre todo la distribución, lo cual supone sumar esfuerzos, conjuntar recursos, compartir proyectos, reconocer méritos, respetar créditos, y por encima de todo esto, identificar objetivos históricos comunes.

 

Intervención de Sonia González Rivero, licenciada en Sociología por la Facultad de Ciencias Políticas y Sociales de la UNAM, directora y productora de documentales, series televisivas y transmisiones especiales en zonas de conflicto como Panamá, Haití, Nicaragua y Guatemala.

«SOMOS NUESTRA SANGRE, SOMOS LA GENTE QUE HEMOS VISTO MORIR, SOMOS LIBROS QUE NOS HAN MEJORADO. SOMOS TOTALMENTE OTROS.»
Jorge Luis Bórges.

El quehacer del documentalista está estrechamente vinculado a sus necesidades narrativas. Él, como generador de información, percibe o analiza un suceso desde su óptica. Todo lo que registre y narre contendrá una carga ideológica. Por décadas creamos obras con destinatarios precisos. Ya sean los medios de comunicación o los movimientos sociales.

No siempre, más bien en contadas ocasiones, se logra que los movimientos sociales se reconozcan en los videos documentales. Somos finalmente contadores de historias. Pero, ¿desde qué perspectivas las contamos? ¿hasta dónde estamos dispuestos a vincular el acontecimiento con nosotros mismos?. Siempre que hago un trabajo me pregunto esto y Joris Ivens nos daba luces al respecto «un ojo en la cámara, otro en la realidad y otro en el futuro».

Mi experiencia comienza a principio de los años setenta cuando el país había quedado dividido después de los sucesos del 68. Los movimientos sociales mantenían ocupado a un segmento de los documentalistas, los otros, se mantenían produciendo las historias oficiales que veíamos en las salas de cine.

Alguna vez vi a Díaz Ordaz inaugurando la carretera Transpeninsular en Baja California Sur cuando todavía no existía. Fue señal inequívoca de que había que ponerse a trabajar. Y así lo hicimos. Miles de cientos de pies de material Super 8, ocho, dieciséis y hasta 35 milímetros, se registraban de manera sistemática, aburrida y espantosamente solemne sobre las diferentes manifestaciones de los movimientos sociales. Las marchas cuando eran un asunto serio, cuando no eran un lugar común. ¿Dónde estaba el tapón de la distribución? ¿Quién tenía el destapador? Que hagan cine decían las autoridades, pero que no se distribuya decían los dueños de las salas y los medios.

Las experiencias del nuevo cine independiente y las cooperativas de cine engrosarían las filas de los documentalistas ajenos al presupuesto oficial y a los canales de distribución formales. Por eso somos independientes, por que somos independientes al presupuesto, al proyecto de comunicación establecido por el estado. Al tiempo la experiencia ha sido amplia y enriquecedora. Los movimientos liberadores de esa parte del continente han requerido de muchos esfuerzos para romper el cerco informativo, para romper el silencio y que nunca más se repitan esas historias.

Mi afortunada generación tuvo el privilegio de conocer y aprender de Gregorio Selser, Carnero Checa, Rodolfo Puigross, Manuel Buendía y de un personaje que marcaría mi vida profesional, Antonio Pérez, Mario Zapata, capaz de comprender los procesos, analizarlos y compartirlos. Amigo entrañable y maestro, Antonio fue una influencia tan grande que finalmente determinó mi vocación de documentalera.

Más que las noticias, el documental me da tiempo de reflexionar y de participar de otra manera en los movimientos sociales. La revolución Sandinista, nos permitió conocer nuestra región. Muchas historias se relacionaban ahí. En principio lo más importante fue ver a medios nacionales e internacionales mostrando una cara de Centroamérica, ya no eran las imágenes de Carmen Miranda entre la rumba y plátanos sobre la cabeza. Ahora, ocupaban las primeras planas la lucha de liberación de Nicaragua, un paisito que todavía los medios internacionales no lograban ubicar en le mapa.

Sucedían entonces cosas terribles y maravillosas en el continente. Porque así son los pueblos empeñados en su lucha de liberación. En esas luchas fratricidas en que hermanos se enfrentan contra hermanos. No solo se encontraba convulsionada Nicaragua, las guerras se extendían por todo el continente, el cono sur se estremecía bajo las terribles dictaduras.

Yo quiero referirme a la guerra de Guatemala en particular. Los trabajos documentales me ocuparon profundamente en esa historia. No hubo un país donde yo encontrara más razones para trabajar que ese. Mi participación fue poca, insignificante en términos históricos pero tal vez la más constante que yo he mantenido.

Mis vínculos con los movimientos revolucionarios en la región fueron diversos. Organizaciones sindicalistas, centrales campesinas, desplazados, organizaciones sociales. Este fue un camino difícil plagado de traiciones y dolor. No es alegre la guerra. Decisiones, sospechas, terror y delaciones acompañaron al movimiento. ¿Qué distancia habría que tener para contar esa historia? ¿Cómo hacer para transitar entre la necesidad de saber denunciar sin perder la cabeza, la cordura, sin acabar siendo un miembro de la lucha de liberación? Muy pronto comprendí que no era guerrillera. Mi papel era precisamente contar las historias que ahí sucedían. Mi lucha era contra el olvido.

Ya para la década de los ochenta, el agotamiento de la guerra de alta y baja intensidad habían mermado mi relación con Guatemala. No sabía hasta donde llegaría mi capacidad de no volverme loca paranoica y ser útil. Cuando en Guatemala viene la matanza de Panzós, pasó por mi cabeza después de varios años, la certeza de estar en lo correcto, de la necesidad de registrar estas historias.

Los trabajos que realicé fueron en su mayoría materiales de denuncia y que poco o ningún espacio encontraron en los medios electrónicos. La frustración se hace inmensa, de pronto un material que lográbamos incorporar a los noticiarios nos parecía un triunfo. Las organizaciones querían más, no siempre entendieron la dificultad que suponía contar con un poco de espacio en ese estado de cosas terrible.

Los cuestionamientos eran comunes ¿para qué especificar lo qué era un documental? Algunos tardaron diez años en producirse. No era fácil penetrar los retenes y trabajar de acuerdo a lo que uno había decidido con entera autonomía y eventualmente convencer a las organizaciones, moverse en el territorio del UNORCA o de las FAR y al otro día entrevistar a un general o a una primera dama y que esto no levantara sospechas de cualquiera de las partes.

Había que hacer productos útiles para la lucha social. Productos que quedaban guardados por tiempo indefinido hasta que puedan ser llevados con los compás.

Hay documentalistas que son patrocinados por los medios o las organizaciones. No es mi caso. Acá, había que producir un sinnúmero de escenas para regresar y hacer la última secuencia de algo que siempre se aplaza. Así tengo un documental de Haití que espera pacientemente ser terminado cuando haya tiempo. Hoy tengo un amplio testimonio de lo que pasó en Guatemala. Me sorprende que Ríos Montt sigue participando y ganado espacios.

Me abruma entender que la mitad de mis personajes han muerto. Que los materiales que guardé prudentemente para no provocar rupturas entre los movimientos sociales, no han cumplido su misión de servir como memoria de ese pueblo. Me preocupa el hecho de que una vez terminada la guerra, una vez firmada la paz, ya no están más con nosotros queridos personajes sin los cuales la historia hubiera sido otra. Porque después de más de 34 años de guerra, uno no se haya en la paz.

Finalmente creo en el trabajo documental como herramienta de lucha de los pueblos. Confío en que los acervos históricos se recuperen y habría que trabajar de manera incansable para lograr el respeto de la libertad de creación y expresión de los documentalistas para recuperar la memoria que impida que el silencio le gane a la realidad. Gracias.

 

Intervención de Héctor Cervera Gómez, licenciado en Medicina Veterinaria y Zootecnia de la UNAM, diplomado del Centro Universitario de Estudios Cinematográficos de la UNAM, director y productor de documentales y series televisivas, corresponsal para Canal 11, 13 y CBS News, director de TV-MAS de Veracruz, actualmente es el Coordinador de Televisión de la Universidad Iberoamericana.

Bueno yo no tengo una ponencia formal. Yo lo que quiero platicarles es la experiencia que ha significado producir videos independientes. Todo empezó a principios de los años setenta en los cursos de cine de «Luis Buñuel», donde diferentes tendencias de ese momento y que siguen existiendo hasta ahora se manifestaban.

A partir de estos cursos que tuvieron una repercusión bastante fuerte, se manejaron y siguen existiendo dos tendencias. Una representada por el Taller de Cine de Arte y por otra parte la Cooperativa de Cine Marginal que representaba al cine ligado a los movimientos sociales. El problema fue siempre producir. El Taller de Cine siempre tuvo subsidios que venían de Bellas Artes o de alguna institución gubernamental y la cooperativa obviamente no tenía ningún subsidio.

La cooperativa, de la cual formé parte, se formó para poder difundir estos movimientos sociales. Después de este segundo curso, varios activistas ligados sobre todo al movimiento de los trabajadores universitarios y al de los electricistas, habían estado bastante interesados en esta forma de trabajo. Se puso un acento en lo que era la distribución, de manera que después de la función, boteando, se pudieran obtener recursos para seguir produciendo la experiencia, cosa que dio muy buen resultado.

De repente pudimos tener hasta 12 proyectores de cine super 8. Teníamos un procedimiento para producir: antes te vendían el material con el revelado incluido, que era bastante sencillo después de regrabar y hacer tu original y las copias para reproducirlo. Ya no teníamos que ir a la farmacia y pedir un rollo y después unas aspirinas para echarnos a correr para registrar la marcha a la vuelta de la esquina, de alguna manera se sistematizó. Pero esto generó una tendencia mayor entre la gente que verdaderamente quería hacer cine y seguir el camino del documental, o quienes pretendían hacer activismo político. Muchos amigos se inclinaron por el activismo político y siguieron en él. Otros se dedicaron al documental, al video y al cine independiente. Nosotros decidimos separarnos de la cooperativa por que no podíamos ya con el trabajo del activismo político, el del cineasta independiente y el de trabajar.

Formamos un grupo que se llamaba «Canario Rojo», que trabajó durante mucho tiempo haciendo obras muy ligadas a los movimientos sociales. Primero en Centroamérica, después el resto del mundo como Angola, Etiopía, Vietnam; en fin, en un sinnúmero de lugares. Pero aún así los costos eran altísimos y había que buscar caminos para encontrar la infraestructura que permitiera tener las condiciones adecuadas.

Todavía no había video ni mucho menos, había que hacer las cosas en cine. A nosotros nos tocó el cambio. Mucho de nuestro trabajo lo vendíamos a los noticiarios, al Canal 11, al 13, a CBS. Esa es una cuestión que mucha gente no entiende de los realizadores. Mucha gente no entiende que para producir una película independiente, tú tienes que pagar todo, porque si no, tienes que vender tu material y que lo utilicen y lo manipulen de acuerdo a sus criterios.

Tenías que convertirte en carne de cañón. Estar en el frontline para tener unos dólares más. Ya sabías que en los medios internacionales no lo ibas a firmar tú sino el que daba la cara. Bueno, no había otros caminos. El poder realizar esto, y es a lo que voy, ¿cómo encontrar estos caminos que preserven el trabajo?. No el del activista político, porque es muy difícil llegar como cineasta a un movimiento que no entiendes cómo está conformado internamente y del que solo tienes nociones, más en países que te son ajenos, más en países en los que no entiendes el idioma; y cómo tener distancia suficiente, el ojo suficiente y al mismo tiempo ir aprendiendo el oficio de contar, cómo ahorrar material y contar historias más eficaces. Esto solo se aprende haciéndolo.

A mí lo que me preocupa es que después de 30 años se siga discutiendo lo mismo. Lo mismo que discutimos en los primeros cursos de cine super 8 y que no hemos podido superar.

No tenemos los cineastas, ni los videoastas mucho menos, frente a las grandes empresas, ni siquiera una asociación que nos dignifique en términos de salarios mínimos profesionales. No tenemos esa mínima organización para podernos comunicar, para saber cuanto estamos cobrando entre nosotros mismos.

Tenemos que encontrar mecanismos que protejan a la nueva generación de videoastas y documentaleros para que puedan ejercer su oficio. Tal vez a través de las universidades donde trabajamos o en la misma UNAM. Pero una organización propia, siempre que hablamos de organizaciones hemos salido peleados, hay una especie de canibalismo. El problema está ahí. El papel que tiene que jugar otro, ¿cómo preservar esos talentos?. Hay cuestiones interesantísimas en los videos que he visto. Tú sabes que para salir al extranjero, si no vas con una cobertura oficial, cualquiera que esta sea, vas como carne de cañón.

No habrá quien te respalde ni vas a poder tener acceso a nada. Entonces necesitas una representación oficial, un algo que te de esa cobertura, que todo mundo internacionalmente la tiene. Nosotros no la tenemos, o vas de Televisa o de Azteca. Ahí hay preguntas: mi ponencia iba dirigida a un cuestionamiento hacia estas preguntas en el aire. Pero bueno, después de 30 años nos las tenemos que seguir replanteando y eso a veces cuesta trabajo. Gracias.

 

Intervención de Humberto Ríos, nacido en Argentina, pintor, escenógrafo, fotógrafo y realizador de documentales y de cintas de ficción. Ha participado en múltiples festivales y ha obtenido diversas distinciones.

Buenas noches. Con respecto a esto que estamos tratando, yo he llegado ya a un momento en el cual pienso que debo mirar atrás y recorrer con la memoria todo mi pasado que tiene que ver mucho con los movimientos sociales de Argentina y América Latina, e inclusive con un movimiento político- militar en Francia.

Muchas veces he pensado si en realidad yo era una persona dedicada o con vocación de documentalista, en función de que yo tenía un don algo así como llegado no sé de donde, para hacer cine documental, sobre todo político.

Me doy cuenta que fue la realidad la que me impuso el oficio de cineasta. Yo me fui a Francia con la idea de seguir trabajando en la pintura y escenografía y es allá que cae en mis manos una foto de un documental argentino de Fernando Birri que me fascinó. Tuvo la virtud esa foto de conectarme con una persona que a su vez me llevó a estudiar cine en Francia en el IDHEC, donde conocí a Manuel Michel, mexicano, a Salvador Elizondo, mexicano; a Costa Gavras y a muchos más que me obligaron a pensar en un cine determinado que tiene que ver con un cine de moda, del momento. El nuevo cine francés que rompía con las tradiciones del cine de papá, del cine bonito de Francia.

Conocí en ese momento a Nicolás Guillén, ustedes sabrán quien es. En el cine que quedaba frente del hotel donde se hospedaba, veíamos las películas de Luis Buñuel que para mi eran melodramas simplemente y él me enseñó a ver las películas de Buñuel, todo lo que había por debajo de las imágenes. A su vez, compañeros de la escuela de cine me obligaron a discutir sobre un tipo de cine que yo totalmente desconocía, hablo de Truffaut, de Rivette, de Alain Resnais. Solían discutir a la salida de la cinemateca, de cine, entre ellos hablaban de Chaplin, que para mi era solamente un payaso, un cómico.

Empecé a descubrir lentamente que debajo de la estructura visual, debajo de esa carpa cómica, había una humanidad no descubierta por mí pero sí esta vez, alertada por la presencia de gente que me enseñaba a ver y analizar.

Paralelamente ocurría en Francia la guerra de Argelia. En el IDHEC se formó una pequeña célula de estudiantes comprometidos con la independencia de Argelia que me arrastraron y yo inocentemente ingresé al grupo que tenía como tarea reunir fondos para después depositarlos en una red que enviaba el dinero a Suiza y después a Argelia. Primer compromiso político donde casi inocentemente me vi embarcado. La célula cayó. Los compañeros fueron presos y yo me escondí. Primera vez que sentía la persecución en mis talones por algo que a mí no me tocaba de cerca. Pero viendo las imágenes de un libro con algunas fotografías de las torturas del ejercito francés en Argelia pensé, esto hay que mostrarlo, hay que darlo a conocer más allá de la publicación clandestina. No pude hacerlo porque la búsqueda de mis compañeros me obligó a refugiarme en casa de otros amigos.

El director de la escuela, un francés que había estado al mando de la policía durante la ocupación alemana, tuvo por mí cierta simpatía y me sentí muy extraño con esa simpatía, porque me mandó llamar para ofrecerme un trabajo. Yo había estudiado la línea de camarógrafo y director en el IDEHC. El trabajo consistía en ser fotógrafo bien pagado con cuenta en banco, alojamiento, viáticos, es decir tocando el cielo. Yo vivía con 30 mil francos y ellos me ofrecían cerca de 150 mil francos mensuales. ¿Qué tenía que hacer? Ser camarógrafo de las fuerzas armadas francesas en Argelia. Así como ustedes se rieron, a mí se me atragantaba la sangre en la garganta.

Empecé a tener sentido de un compromiso que yo había asumido simplemente por generosidad con mis compañeros y de pronto, se convertía en un compromiso de vida. En estos momentos estaba en París una directora de televisión argentina, María Avellaneda. Le conté la historia. Me dijo -No te aflijas, te hago una carta con un sello del Canal 7 de Buenos Aires diciendo que te contrato-. La hizo. Fui a ver al director y le mostré la carta y me fui rápidamente, llegando a Buenos Aires el 25 de mayo de 1960. Esto es el día de las fiestas patrias de Argentina.

¿Cómo ingresé al cine político? Por una vía muy extraña. Primero tenía esa experiencia de Francia y la guerra con Argelia, la de la persecución política, la persecución policial. Sentía que algo estaba pasando en el mundo y no podíamos estar ajenos. El primer documental que hice apenas llegué en 1960, fue un documental basado en una idea que me traía golpeando en la cabeza sobre los campos de concentración, que dura 20 minutos, se llama «Faena». La metáfora que utilicé para hablar de eso, de ese momento tan espantoso, fue la de hacer un documental sobre un matadero donde se matan los toros y las vacas que alimentan a la ciudad. El mundo concentracional y el de la violencia, ese fue el reflejo con el cual yo trabajé lo que sería hasta hoy un clásico del cine documental argentino «Faena».

Había empleado la metáfora como forma de llegar, un lenguaje no muy claro, no muy preciso, no demasiado abierto; pero sí la metáfora golpeó mucho, porque de todas maneras, el documental golpeó y pegó y hoy todavía lo estudian los alumnos de las escuelas de cine; era la primera vez que un documental tocaba temas trascendentes, hasta el momento los documentales hablaban de puertas, de tranvías, de ruedas, nubes, arbolitos, papalotes y no había nada. Esto fue mi primer compromiso fuerte que tuve con la realidad.

El segundo fue cuando, trabajando con Solanas, Fernando Solanas, el que hizo «La hora de los hornos», decidió filmar y dejarme a mí a cargo de su empresa. Era una empresa de publicidad; y esto viene al cuento con respecto al hecho de cómo financiar al cine político. Pensamos que la publicidad podría brindarnos los fondos necesarios para poder hacer el cine que nos interesaba, que nos permitiría ser libres, porque no dependíamos de un productor ni del estado ni de nadie. Nuestros fondos que habían sido ganados por la publicidad, se volcaron a financiar «La hora de los hornos» y otras películas. Así podíamos ser totalmente libres y lo fuimos. Pudimos seguir haciendo documentales con esta fórmula. Hacer publicidad, sacar dinero y destinarlo al cine político. Ganábamos la libertad absoluta en cuanto a nuestro material y no sufríamos de ninguna censura o de ningún control.

Esa experiencia la quisimos trasladar a varios lugares y se dio efectivamente como una escuela. De pronto en Brasil se empezó ha trabajar en publicidad y destinar los fondos para el cine político. Yo hice con este sistema un largometraje en Chile que representó a Argentina y a Chile en el Festival de Berlín. Inmediatamente empecé a sentir el compromiso con un tipo de cine mucho más fuerte que el que se imponía en esos momentos.

Ya había sucedido el Primer Festival de Viña del Mar, y en el segundo, yo descubrí el cine político por excelencia. Porque era la primera vez que nos juntábamos los cineastas latinoamericanos, que nos conocíamos de nombre. Pudimos reconocer la geografía política de nuestro continente, la geografía humana de todos nuestros compañeros y empezó un movimiento global en América Latina que generó un movimiento muy amplio que se llamó «Nuevo Cine Latinoamericano». Nació de esa presencia masiva de cineastas deseosos de hacer algo comprometido con la realidad acuciante. Había mucha pobreza, humillación; había mucha enajenación y había documentalistas deseosos de poder expresarlo. No había canales para poder expresarlo, no había forma de producirlos. Con la forma de trabajar y extraer de los lugares donde hay dinero, éramos publicistas y la ganancia se revertía en trabajos que eran de compromisos personales. Así pudimos hacer todo un movimiento que se extendió durante mucho tiempo por América Latina.

Eso nos obligaba a algo muy imperioso. Habíamos jugado con el compromiso político y eso nos obligaba a comprometernos cada vez más. Al punto de que algunos compañeros que pertenecían a fuerzas revolucionarias armadas trabajaban con un seudónimo, porque estaban dentro de los movimientos armados. El caso de Raimundo Gleizer, que fue mi alumno en la Escuela de Cine de la Plata. Realizó varios documentales, entre ellos uno que se llamó «México, la revolución congelada». Ese material le dio vuelta al mundo entero y a su vez le permitió tener la oportunidad de adquirir fondos para hacer su obra: «Los Traidores» sobre la historia política sindical de Argentina. Eso le costó mucho a él.

A partir de los movimientos políticos de América Latina y sobre todo de Argentina, hablo del 69 y del 70, los cineastas que estabamos trabajando en esa línea política nos íbamos comprometiendo cada vez más a pesar nuestro, inclusive. A pesar de que no queríamos hacerlo. Había riesgos muy serios, a punto de que uno de los más serios, fue el secuestro y muerte de Raimundo Gleizer. Días antes del secuestro, yo lo veo en un laboratorio. El me comenta que va a permanecer firme en la tarea de difundir materiales comprometidos. Yo le advierto que le convenía hacerlo más desde afuera que desde dentro. El se rehusa y cuando me toca ir a la gira por Europa, porque tenía que hacerlo, a mi regreso ya lo habían secuestrado. Nunca más apareció. Nunca más se supo de él, nunca se pudo encontrar, ni su tumba, ni su cadáver.

Pero el momento de compromiso político intenso que pudimos marcar en Argentina, quedó para siempre. Los jóvenes lo recuerdan y quieren volver a reeditar un poco esa aventura que fue el cine político, el cine militante. No sé si hoy se podrá hacerlo. Yo ahora revisando mi pasado, revisando mi trayectoria, estoy en un proyecto que es el de hacer un tipo de cine que permita revisar toda esa historia a través de un personaje que falleció no hace mucho tiempo; Alejandro Palero que fue animador, productor de un tipo de cine muy comprometido; motor de muchas producciones en muchos países, de Sanjinés en Bolivia, de Glauber Rocha y Ruy Guerra en Brasil, de Littin en Chile y de mucha otra gente.

Trato de revisar un poco el pasado de nuestro cine y de nuestro compromiso, porque tengo la impresión de que hay un olvido casi irremediable y doloroso de un pasado que fue duro, en el cual peleamos por una utopía y era realmente una utopía, pero que nos permitía vivir con dignidad, sentirnos que pertenecíamos a la raza humana y no éramos simplemente números. Que podíamos decir, golpear, cantar, enojarnos y llorar, y cada vez que nos encontramos algunos de los amigos que todavía quedan en América Latina, recordamos esos momentos como los más ricos de nuestra historia. Nuestro compromiso fue con la vida absolutamente digna, absolutamente hermosa y violenta.

Hoy ya pasó el tiempo, hoy estoy en una etapa como dice la canción «en tiempo de reposo» y miro hacia atrás y digo -«Esa historia hay que contarla, hay que decirla, hay que hacer una película». Estoy en ese proyecto. Tratar de hacer un film que recorra América Latina desde los años sesenta hasta hoy para recordar a través de la figura de Palero. Contar qué fue ese cine, un cine que no tenía ambición de proyección comercial, que no tenía ambición de pasar por la televisión, que no tenía ninguna otra misión más que servir, de ser útil; de ser una herramienta de trabajo y de conciencia. Bueno estoy en eso. Espero, no se si este año que viene o el otro, espero que la parca no me lleve a destiempo y me permita llegar con un documento que podría ser un testamento del cine latinoamericano. Muchas gracias.

 

Intervención de Carlos Martínez Assad, licenciado en Sociología por la UNAM y Doctor por la Universidad de París, docente en varias universidades y ex director del Instituto de Investigaciones Sociales de la Universidad Nacional Autónoma de México. Autor de obras históricas, ensayo y narrativa. Jurado en festivales de documental, conductor de series televisivas y coordinador de programas de radio.

Buenas noches. A mí como a muchos de ustedes ninguna imagen me es ajena. En realidad crecí, a diferencia de ustedes, viendo noticieros, escuela para entender lo que estaba sucediendo por todas partes. Hubo televisión en mi casa hasta que tuve quince años, así que fue una educación que nada tenía que ver con la televisión. Pero me familiaricé rápidamente con los noticiarios de cine por algo totalmente imprevisto. Yo era un niño muy pequeño que vivía en un pueblo del estado de Hidalgo, cuando vi pasar al candidato Adolfo Ruiz Cortines, quien intempestivamente me cargó y me llevó al presidium. Estuve ahí sentado todo el acto y los noticiarios de cine pasaron esas imágenes. Entonces mi mamá invitaba a sus amigas al cine para presumirles y fuimos diario al cine durante ocho días y ahí estaba yo con una paleta que el candidato me había comprado, sentado en sus piernas.

En realidad crecí viendo este tipo de noticieros del poder -eso era lo único que había que ver, como ahora Televisa- en donde solamente ve uno a los candidatos o a los Secretarios de Estado en noticieros aburridos, incluso más aburridos que los de antaño, en los que cuando menos se enteraba uno de los chismes de las casas reales de Europa. Ya dedicado a mis estudios de sociología, me empecé a interesar mucho en la fotografía, que es un verdadero testimonio del acontecer de los movimientos sociales que han tenido lugar en México. Indagando en los archivos, fui encontrando imágenes filmadas y esto me motivó a intentar el rescate de varias películas de los movimientos de Tomás Garrido Canabal.

En un archivo pude localizar algunas tomas que sirvieron para certificar la presencia de Saturnino Cedillo en la Convención de Aguascalientes. Casi siempre he podido tener un referente visual en los trabajos que he escrito de historia.

En realidad de lo que quiero hablar es de los movimientos sociales. Creo que los compañeros de la mesa se han referido a un abanico muy amplio de movimientos, algunos que sí son movimientos sociales y otros que prácticamente han sido guerras civiles. Si la revolución mexicana se clausuró con el fracaso del movimiento popular que la había sustentado durante los primeros años, y sus expectativas canceladas y frustradas durante muchos años, la movilización social volvió a tomar vitalidad en México. Quizá podríamos coincidir en que a partir del 68 se abre esa emergencia de lo popular con antecedentes muy importantes en las luchas ferrocarrileras, de los electricistas, en fin, en toda una gama de movimientos que se dieron en nuestro país.

Pero mi relación con el video, ya lo he apuntado, nace paralelamente con mis investigaciones de los movimientos regionales que tuvieron tanto impulso en los años veinte en México, después de que la revolución desarticuló el estado centralista que había impuesto el porfiriato. En varios libros he analizado el carácter de estas movilizaciones que vuelven a apagarse hasta los años setenta en que se da un nuevo desplazamiento de escenario y un país, centralista por tradición empieza a vislumbrar lo que acontece en sus regiones y esto tendrá un peso bastante definitivo. De hecho, creo que de estos movimientos que van a coincidir con lo que ahora se llama «tránsito a la democracia» encontramos un paradigma en el estado de Tabasco. Esto es mucho antes de López Obrador, porque en 1976 hay verdaderos levantamientos campesinos que defienden sus propiedades agrarias frente al embate de PEMEX, que tenía ya para entonces un impacto muy fuerte en la región. Estos fenómenos sociales se distinguen de los del pasado por la diversidad que representan, la pluralidad que abarcan, no solamente en componentes sociales sino en composición ideológica.

Por ejemplo, analizando la lucha por las indemnizaciones de los campesinos tabasqueños, una de las cuestiones que más me sorprendió, es que estos movimientos estaban organizados por comunidades no católicas, comunidades de vínculo metodista. Esta situación permitió ver que estaban apareciendo en México, actores sociales que antes no habían sido considerados. Este caso en particular aparece en los trabajos de Carlos Mendoza, hechos antes de que se formara el Canal 6 de Julio del que después sería uno de sus promotores. El comenzó a interesarse en los movimientos que estaban ocurriendo allá y uno de sus primeros documentales, que tuvo mucha divulgación se llamó Chapopote, trataba precisamente de la lucha campesina contra la explotación a que los sometía la empresa petrolera. Este documental fue el primero de una serie para la que después hizo Chahuistle, después no me acuerdo del otro che, creo que fue Charrotitlán. Tal vez el interés de Mendoza en estos movimientos se debió a la riqueza que los diferentes actores expresaban.

Posteriormente otro movimiento que hiciera erupción en México y que fue un problema importante en la historia del país fue el de Salvador Nava en San Luis Potosí, que llevó otra vez al municipio a la escena nacional como un lugar de competencia política y de defensa de los intereses locales frente al estado central. El movimiento de Salvador Nava tuvo diferentes momentos y me vuelvo a encontrar a Carlos Mendoza documentándolo precisamente en la «Marcha por la Dignidad». Queda la memoria de aquellos días en los videos de Mendoza. En realidad yo no me proponía hablar de él, pero veo esa coincidencia entre el sociólogo o investigador y el realizador enlazada a través de los fenómenos sociales.

Después tuve la oportunidad de estar presente durante las reñidas elecciones de López Obrador, candidato del PRD en Tabasco, cuando el candidato ganador, Roberto Madrazo, tomó el palacio de gobierno y se dieron escenas que permitían pensar en algo semejante a una guerra civil: tanquetas, incendios, balazos. Yo estaba ahí ese día y lo que me parece en extremo interesante del video es que yo no me di cuenta de todo lo que después logré ver en el material filmado, conjuntado en ocho horas. Lo de Tabasco sigue siendo un territorio donde los intereses políticos oficiales parecen haber predominado.

Entonces llegamos al fin del siglo prácticamente como lo habíamos empezado; como un estallido de muchos movimientos en diferentes lugares que luchan por distintos objetivos.

Como creo que lo importante de una reunión como esta es el debate que se pueda dar, quisiera finalizar señalando dos problemas que veo en la labor tan importante y que aprecio mucho de los videoastas.

Los documentalistas nos han ofrecido un rostro donde lo social aparece más claramente. a diferencia, con algunas excepciones, de lo que podemos ver transmitido por la televisión oficial y digo oficial porque aunque se cambie de canal siempre se ve lo mismo. Esa es una cuestión muy importante: los videoastas tienen muchos problemas para competir con la información y la orientación que viene de la televisión que cuenta con tantos recursos. Y hablé de algunas excepciones porque pudimos lamentablemente, presenciar lo ocurrido en Aguas Blancas y un poco de lo de Acteal. En fin que hay algunos videos producidos por las grandes empresas que sí reflejan de alguna manera, la realidad nacional.

Sin embargo, frente a ellas el realizador tiene un desafío que no sé como va a enfrentar porque tal vez no ha sido tan consciente de la importancia de su trabajo. Seguramente Jesús H. Avitia o Salvador Toscano nunca supusieron que sus imágenes iban a prevalecer por tantas décadas, que iban a ser los documentos fehacientes de la memoria histórica de ese momento tan importante de la historia nacional como lo fue la revolución.

Más aún, la realidad misma irrumpe en la ficción. La película Vámonos con Pancho Villa, rescata varios shots de las filmaciones de Toscano y de Avitia. Después en varias películas mexicanas como Las mujeres de mi general con Pedro Infante y otras, de pronto hay planos de Toscano, que fueron tomados de las películas de Fernando de Fuentes.

Entonces creo que parte medular de la discusión debe ser el cómo enfrentar esa fuerza brutal de la televisión, capaz de conformar y estructurar a las conciencias. Ya veremos el próximo 2 de julio cuanta gente va a votar por la imagen más que por los programas de los candidatos.

El otro desafío tiene que ver con una experiencia personal. Entrevistando a los antiguos partidarios de Tomás Garrido Canabal en Tabasco, donde hubo un movimiento muy fuerte de profesores y profesoras que lo apoyaron y contribuyeron con él a la divulgación de la propaganda antifanática, anticlerical y antialcohólica, pasé varios meses preguntándoles sobre sus experiencias, sobre los libros que utilizaban en la enseñanza y otras cosas. Algunas veces aceptaban hablar y otras no se acordaban. En fin, publiqué mi libro y posteriormente hubo una persona interesada en rescatar esa historia en video y se fue a Tabasco, un poco con mi orientación. Mi sorpresa fue cuando la videoasta me habló para describirme los grandes avances de su trabajo. Me muestra el video, transmitido por el Canal 22, y empiezo a ver que los entrevistados están recitando partes enteras de lo que yo había escrito. Entonces me entró una crisis de conciencia muy fuerte, porque si yo me había equivocado, el video perpetuaba la equivocación, ya que aquellas personas no relataban sus vivencias sino lo que yo había contado de ellas. Ahí queda la duda de hasta donde mi distorsión podía haberse reflejado de manera brutal en los personajes del video. Para mí, en eso consiste el peligro de la distorsión.

Creo que fui invitado a esta reunión, entre otras razones, porque Margarita Suzán y yo frecuentábamos los cineclubes que tuvieron una época de oro en los años sesenta en la UNAM, donde vimos a los clásicos del documental como Morir en Madrid, Setenta primaveras y muchos sobre la revolución cubana. Era un momento de gran efervescencia y en esa efervescencia estábamos cuando vino el 68 y después vimos El grito. Creo que en realidad el video o el material fílmico realizado con el esfuerzo de gente independiente, que sin grandes medios recurre a este procedimiento para dejar un testimonio de lo social, es algo digno de encomio y ojalá que tuvieran mayor suerte, que se conociera más su obra, que los mismos jóvenes frecuentaran más este tipo de trabajos y de esta manera, si no quitarle el público a la televisión, sí cuando menos propiciar que dicho público también pudiera ver documentales que le dieran una percepción clara y verídica de lo que es su sociedad. Gracias.

ARRIBA


MESA REDONDA:
MOVIMIENTO EN TORNO A LA DEFENSA DE: LOS DERECHOS HUMANOS, LA DEMOCRACIA Y LA PAZ Y LA DIVERSIDAD SEXUAL.

Moderadora y ponente: Rocío Culebro

Intervinieron en la mesa, además, el Lic. José Antonio Jiménez Estévez y Arturo Castelán de la Cruz.

 

Intervención de la Licenciada Rocío Culebro, Directora de Amnistía Internacional, sección México.

Empezamos con el tema de la mesa. Disculpen la ausencia de la Licenciada Marie Claire Acosta, quien iba a dar una reseña de la importancia de estos movimientos en el tema de los derechos humanos y la construcción de la paz. Como no ha podido llegar, brevemente yo les haré una reseña de cómo desde México y desde las experiencias de las organizaciones civiles de derechos humanos, vemos que se ha ido construyendo parte de esta democracia como su título lo indica. Después, pasaremos a la experiencia de nuestros dos ponentes de cómo desde la investigación y la realización de manera conjunta, han podido dejar testimonio de diversas problemáticas que nos interesan, es decir, cómo contribuimos en algo donde el objetivo es común y es el de una sociedad más democrática, más tolerante y donde haya menos discriminación en todos los sentidos.

Para nosotros, las organizaciones sociales y civiles en derechos humanos, vamos empezando a contribuir en la construcción desde el concepto de la integralidad de los derechos humanos, es decir, tiene que ver con los derechos civiles, políticos, económicos, sociales y culturales; y con los derechos de la llamada tercera generación, que son el derecho a la solidaridad, la paz y el derecho al desarrollo.

Desde esta perspectiva que es muy general, cada una de estas organizaciones que hemos participado en los últimos 10 años, tenemos nuestras propias especificaciones. Yo creo que en varios países de América Latina, en estos momentos estamos en un proceso bastante particular y que es justo esta construcción de democracia. En México estamos a unos días de las elecciones y si no fuera por una sociedad que es cada vez más participativa e interesada en estar en estos asuntos de interés público, no estaríamos viviendo estos momentos de expectativa grande con respecto a los resultados de estas elecciones. Esto es así porque hay una sociedad mucho más viva, más arriesgada en participar.

Ante la ausencia de respuestas gubernamentales, las demandas de la sociedad de alguna manera han tenido que ser cubiertas por las organizaciones civiles. Basta recordar el movimiento urbano popular que se inició en México a partir del terremoto del 85. Después del devastador resultado de éste, cientos de personas se quedaron sin sus casas en la ciudad de México. La demanda por vivienda es un factor que hace que se organicen los ciudadanos en torno a un asunto muy particular como lo es el derecho a la vivienda. Ahí, la sociedad empieza a organizarse de manera independiente.

En 1988, pasamos por una frustración ante la ilegalidad de un proceso electoral del que nunca en realidad vamos a saber los verdaderos resultados. Los ciudadanos se reorganizan y otros que no habían participado en la política, empiezan a crear organizaciones sociales y ciudadanas en defensa del voto y en la observación los próximos procesos electorales. Las organizaciones sociales no representan a nadie más que a sí mismos, no buscan la toma de poder. Los partidos políticos representan a muchos mexicanos, pero la diferencia es que desean asumir el poder. 1990, es un período en que en México empiezan a sonar esos casos de violaciones a los derechos humanos. Casos de tortura, asesinatos, narcotráfico. Quizá la violación a los derechos humanos siempre ha existido, la diferencia es que la ciudadanía empieza a atreverse a denunciarla. Pero también porque hay organizaciones sociales civiles que están dispuestas a recibir las denuncias de la sociedad y empiezan a construir un camino distinto. Igual sucede con otro tipo de organizaciones.

En México se da un acuerdo de libre comercio con E.U.A. y por primera vez el gobierno reconoce que hay que trabajar en el tema de los derechos humanos y creación de la Comisión Nacional de Derechos Humanos. Sin embargo esta concepción de ¿qué son para el estado los derechos humanos? queda muy limitada. La defensa de los derechos humanos, la promoción de estos por parte de las autoridades sólo se va a restringir a ciertas garantías individuales, dejando fuera la diversidad sexual, la ecología, los derechos electorales, laborales. Es decir, si bien hay un paso importante porque el gobierno reconoce que se violan los derechos civiles y políticos y quizá porque es la demanda más sentida, todavía estamos en esa lucha porque hay muchos derechos y muchas cosas que desde el gobierno aún no hay un compromiso por defender.

En 1994 tenemos un levantamiento armado. El tema indígena está presente, pero estaba rezagado, olvidado, no solo por las autoridades sino también por muchos ciudadanos. El levantamiento armado viene a sacudir las conciencias de muchos mexicanos y a decir: «ojo, ahí hay un problema, hay que resolverlo». El movimiento ciudadano se moviliza de tal manera que desde nuestra experiencia, pensamos que se contribuyó a parar casi de inmediato esa guerra que pudo haber sido más prolongada. Es verdad que por el momento no hay un acuerdo, pero por lo menos se detuvo el disparo de armas. Evidentemente ha habido muchas muertes, muchos asesinatos, detenciones ilegales y arbitrarias, desaparecidos indígenas en Chiapas, pero la guerra como tal, en ofensivas como fue la de enero, no existe hoy en día, entre otras razones, porque la ciudadanía toma parte de esa defensa. Hay una gran movilización y se empieza entonces a hablar de la necesidad de la construcción de la paz y de la resolución de conflictos. La paz no sólo tiene que ver con conflictos armados, porque la paz va más allá; la paz tiene que ver con el respeto de los derechos de las minorías y de las diversidades culturales, identidades y sectores. Es ahí donde se empieza a pensar en el concepto de paz.

En 1996 hay una masacre en Guerrero en contra de los campesinos. La conocida masacre de Aguas Blancas, donde mueren 17 campesinos y varios quedan heridos. Por cierto, en ese sentido el video cumple con un papel muy importante, ya que se vuelve medio de denuncia. Gracias a un video que fue presentado en la televisión y que finalmente contribuyó a hacer una gran denuncia.

En 1997, el tema de los derechos humanos ya no solamente es un tema de interés a nivel nacional, sino que pasa al ámbito internacional. Las organizaciones aprenden a hacer uso del derecho internacional. Los pasillos de la ONU, la OEA, son también compartidos con las organizaciones civiles.

El tema no es solamente importante por que las ONG's han salido al ámbito internacional, sino porque la globalización de la economía nos lleva también a ese aspecto. La globalización está también en los derechos humanos y en el respeto a los mismos. Si bien hay veces que hablan de que se vulnera la soberanía de los países al ir a denunciar hechos de violaciones en el extranjero, creemos que esos son discursos del siglo pasado.

Si hablamos de economías globalizadas, también estamos hablando de políticas sociales y en materia de derechos humanos, que son globales. Por eso existe la ONU y la OEA, con todos los asegunes que ya sabemos, pero esto ha sido importante para los derechos humanos. Tan es así, que hoy hay cumbres. Hoy se está llevando una cumbre social en Ginebra a través de Naciones Unidas. Hay cumbres para discutir los derechos de la mujer, la ecología y de los trabajadores.

La ciudadanía ve que una forma de participar en la política pública, no solamente es a través de los partidos políticos sino a través de la creación y fortalecimiento de movimientos sociales y ciudadanos, y entonces tenemos grandes redes temáticas y regionales. Redes que luchan por los derechos de las mujeres, de los niños, que luchan por los derechos lésbico-gay, etc., y también por la democracia a través de la observación electoral, de la participación pública mediante las demandas específicas y concretas. Estas organizaciones son cada vez más importantes en la vida política de cualquier país. Son un contrapeso necesario que requiere la democracia. Es ir construyendo esa democracia. Hay grandes esfuerzos múltiples e interdisciplinarios.

Creo que en ese sentido, somos hoy una organización social más fuerte, sin embargo no tan fuerte como para poder contribuir al cambio de políticas establecidas por los gobiernos. Todavía necesitamos de un mayor esfuerzo, una mayor organización, una mayor presión para poder ir modificando las actitudes de intolerancia por parte de las autoridades.

Finalmente, creo que todos desde nuestros espacios, lo que hacemos es tratar de contribuir a una cultura de respeto a los derechos humanos desde la integridad del concepto mismo. Esto es muy importante, porque en México, a través de estas campañas que ha habido para desvirtuar la labor de los que trabajamos en derechos humanos, se ha difundido el concepto erróneo de que nos dedicamos a defender los derechos civiles y políticos. Coincidimos todas las organizaciones en tratar de contribuir al fortalecimiento de un estado de derecho, si no tenemos un estado de derecho, entonces no podríamos decir que vivimos en un estado democrático.

En México mientras no se respeten los derechos humanos, no podremos decir que vivimos en un país democrático. Eso pasa por todo un cambio, no solo de actitud sino también pasa por una serie de propuestas y cambios legislativos, pero pasa sobre todo, por una voluntad política que hoy en día todavía no tenemos. Nosotros seguimos trabajando desde nuestros espacios con la esperanza de poder construir esta democracia para todos. Queremos, como organizaciones, participar en la discusión y toma de decisiones con nuestras propuestas, queremos ser un contrapeso cada vez más fuerte y que los gobiernos sepan que ya no se puede gobernar sin la participación de la ciudadanía organizada y sin la participación, por supuesto, de los partidos políticos que son parte de esa sociedad política. ¿Cómo poder contribuir entonces, desde cada uno de nuestros espacios?, entre otras cosas, con acciones como lo que hoy está haciendo este Encuentro.

Son bienvenidos todos los esfuerzos, sobre todo bienvenidos los esfuerzos que vienen desde el arte, que vienen desde la cultura y desde la comunicación alternativa. Finalmente estos son uno de los medios más importantes para dejar testimonio de las luchas sociales, de lo que se ha vivido en las distintas sociedades y tiempos, y que también ayudan a contar con más elementos de análisis y discusión como son los testimonios que se dejan a través del video.

Hay que seguir fomentando este tipo de comunicación alternativa, no solamente para el uso entre las organizaciones sociales sino también para ir penetrando en el resto de la sociedad. El registro de estos esfuerzos, está ahí en los videos, y resolver estos pendientes nos corresponde al resto de la sociedad. Muchas gracias.

 

Intervención de José Antonio Jiménez, Licenciado en Psicología por la Universidad de La Habana, graduado como Productor de Programas de Televisión, es profesor auxiliar adjunto de la Facultad de Periodismo de la misma universidad. Presidente del Movimiento Nacional de Video de Cuba y productor, conductor, co-guionista y asistente de dirección del programa EN VIDEO, realizado por el mismo Movimiento.

Cuando me invitaron a esta mesa, pensé que es una problemática bastante compleja de muchas aristas y todo el mundo la interpreta a su forma y por eso es muy polémica. Yo me ubiqué mentalmente que nosotros íbamos desde la óptica del video y un poco su función en torno a la defensa de estos procesos democráticos, los derechos humanos, la diversidad sexual, la paz y otras cosas. Es complicado. Yo por supuesto no voy a hablar de México porque no me corresponde, no tengo hecho un análisis sobre la problemática en México y no es el campo que debo abordar aquí. Pero desde una óptica más universal sí, ubicándome en este aspecto del video quizá pueda trasladar algunas consideraciones que ojalá no generen más problema, porque siempre que se habla de un problema se generan más problemas en vez de aclararlos.

Yo recuerdo que una vez estuve trabajando en un tema sobre la cultura y cuando uno se adentra científicamente a un concepto de estos, yo me acuerdo que estuve cerca de un año tratando de averiguar el concepto de cultura. Un concepto muy complicado. Entonces, la cultura como es el resultado de todo el proceso de surgimiento del hombre, pues es una cosa demasiado amplia. Siempre que oigo hablar de derechos humanos y todos esos procesos sociales, pienso en dos cosas: primero, que todavía el hombre está perfeccionándose. La sociedad que surgió está perfeccionándose y por supuesto como todo es perfectible, nada realmente es ideal y todo tiene un lado positivo y negativo, por lo tanto siempre he pensado que la sociedad perfecta no existe.

Ustedes conocen la canción de Pablito Milanés que dice «que no somos una sociedad perfecta». En el caso de Cuba nos ha tocado, no se si como un elemento a favor o en contra, que nos exijan la perfección en la sociedad y cuando uno empieza a comparar la situación de Cuba, la que ha tenido en su historia y en su momento, empieza a darse cuenta de que el problema del desarrollo social compete mucho a las características propias de cada país y de su población. Esto siempre lo he tenido en mente porque decía Martí que «hasta el sol tiene manchas». No creo que pueda haber una sociedad tan justa que sea la perfección, de lo que se trata es el cómo desde que surgieron las clases, pasa esto. Cómo la clase que domina en definitiva es la que lleva a cabo todo lo que sucede en la sociedad y va tratando de satisfacer todas las necesidades de esa población.

Yo siempre he visto el problema de la siguiente forma: evidentemente no hay gobiernos perfectos. Toda sociedad al organizarse trata de mejorar, pero el mejoramiento siempre tiene fallas. Por supuesto siempre afectará a lo que serían determinados grupos y determinados segmentos de la sociedad que pueden o no tener la posibilidad de resolver o mejorar su existencia y otros no. En definitiva se trata del concepto que los sociólogos llaman «cambio social». Se tiene que partir de concientizar a los integrantes de la sociedad. En la medida que los grupos tiene más participación, los concientizan más de los problemas, van mejorando. Ahora los políticos son los que llevan a cabo todos estos procesos. Unos más impositivos, otros más democráticos, unos más inteligentes y otros menos.

Las ONG's que son un producto de los últimos tiempos para acá, evidentemente son creadas para llenar vacíos que los gobiernos no han resuelto y un poco se convierten en una vía. A las ONG's hay que verlas entrecomilladas. Las mismas palabras lo dicen, son organizaciones no gubernamentales. No están comprometidas con el programa de gobierno. De los propios estudios que han hecho los americanos se sabe que muchas de estas organizaciones hacen trabajo de inteligencia para otros países. Pero visto en el ángulo positivo, las ONG's han utilizado además de la investigación, a los medios de comunicación, hoy por hoy imprescindibles para cualquier tipo de toma de decisiones, de estudio, de conocimiento e investigación.

Entonces, el video yo siempre lo he visto muy asociado a una vía, a un instrumento que en manos de «X» asociación o en manos de «X» persona o «X» país, puede contribuir o no al mejoramiento de la calidad de vida en general. Hay que partir primero de cómo es la organización política y de ahí analizar cómo el elemento comunicación entra de una forma adecuada, transformadora o cómo ese elemento no está dirigido al desarrollo de la calidad de vida de esa población. Se puede plantear sociedades cuyos medios de comunicación masiva están en función de desarrollar la práctica de consumo irracional o que está en función de imponer un sistema de ideas políticas o está en función de dejar el camino abierto a que otras fuentes puedan deformar la propia identidad cultural de un país, o está el que no deja que todo mundo se exprese, no deja democratizar la expresión de lo que sería su estructura social y en función de eso se tiene que ir haciendo el análisis.

Yo pienso que la experiencia del Movimiento Latinoamericano de Video, que alrededor de los ochenta surgió en Latinoamérica, tenía que ver mucho con eso. En esa época se hizo una evaluación alrededor del espacio audiovisual latinoamericano, siempre con la óptica, es una opinión, de que nadie ha hecho una transformación social con el video, porque es un elemento que contribuye a lo que se refería la colega que es concientizar.

Yo siempre pienso, por ejemplo, en el papel que jugó el video en Chile cuando la época de la dictadura. Los videoastas chilenos tuvieron que hacer un esfuerzo, primero por la censura que se impuso en Chile, al punto que todo lo que se publicaba en la prensa tenía que pasar por una comisión censora. El video fue un arma que tanto en forma clandestina como en forma más o menos abierta, contribuyó a denunciar; recuerdo un programa que a principios de los festivales de cine se premió, que era más bien una visión antropológica de Chile. Era una cosa muy sencilla, iban a los lugares más subdesarrollados y mostraban esa miseria que existía, esa es una forma de utilizar este medio en función de concientizar grupos. Una de las funciones fundamentales que tiene el video es ubicar y denunciar un hecho. Claro, depende de la sociedad. Durante la dictadura de Pinochet ustedes denunciaban un hecho y al otro día ya no existían. El comunicador tiene que saber ubicarse estratégicamente para lograr lo que quiere sin que se exponga.

El otro es recoger la memoria histórica. Yo pienso que como las sociedades van transformándose por generaciones, llega un momento en que la generación nueva va olvidando sus raíces y eso es muy lamentable. Yo ponía el ejemplo de un amigo que estaba en Quito y en medio de la discusión de estos asuntos de la comunicación y de lo que entonces ya se denunciaba mucho, el proceso homogeneizador de la industria cultural televisiva y de los procesos de desregulación, es decir abrir el camino para que todo mundo pudiera invertir libremente en la privatización, tocábamos el tema de la identidad nacional. Él tenía un hijo de ocho años a quien le preguntó sobre su país, una cultura de altiplano, andina, que no tiene que ver nada con el norte. El niño no supo contestar. Luego le pregunta por los jugadores del equipo de béisbol de los Mets de Nueva York. El muchachito los dijo todos. Después le preguntó ¿a qué fiesta había ido la semana pasada? «A Halloween» le respondió. Cuando tu le preguntas a esos niños sobre sus próceres, sobre los que crearon su identidad ecuatoriana, es que no lo saben. Por ese proceso quizá el mundo llegue a ser un solo sistema político y todos serán iguales, pero por ahora no se puede ser así. Porque no es así. El hombre lamentablemente se ha encargado de no organizar correctamente los estados o por lo menos no lo ha logrado hacer muy bien, porque en todos los países en el mundo es la misma problemática. Entonces uno tiene que plantearse desde el punto de vista de la comunicación, cómo contribuir a este proceso de perfeccionamiento. Yo creo que en estos dos ángulos está el problema.

El movimiento de video latinoamericano del que les hablaba, tenía como aspiración precisamente ser una alternativa. El video independiente que es el que no está comprometido con el lenguaje oficial debe ser una alternativa. Mucha gente piensa que el video es televisión. Todo mundo piensa que la función del video es entrar a un mecanismo de comunicación, entre paréntesis oficial, que aunque sea privada es oficial. En Estados Unidos, el país más desarrollado del mundo, la televisión privada maneja la noticia y la manipula, como quiere. A veces se piensa que denunciando un hecho que es contra el gobierno están haciendo un bien y quizá están mandados por la misma gente que pone el gobierno. El cuento de la neutralidad y de la misión independiente de la prensa, es bastante difícil de creer, por lo menos para los que han trabajado en la información.

Quienes piensan que el video es televisión, están errados. A veces el video tiene una función de trabajar a nivel grupal y una forma de concientizar a frecuencias bajas, porque en el sistema de televisión tiene que hacer concesiones. Si usted denuncia un hecho que no le conviene a un gobierno y éste es el que en definitiva tiene los recursos de la televisión, es muy difícil que lo transmitan. Todo este asunto de los derechos humanos, que son muchos, evidentemente tienen que ser primero preocupación de los que trabajan en la comunicación, deben estudiarse, porque además de la competencia natural, se tiene que competir con un material de video contra un programa de entretenimiento que es enajenador y se tiene que hacer conciencia en la gente entreteniéndolos y logrando resultados.

Sobre los movimientos políticos que ha habido en América Latina, la gente asociada al video tiene mucha experiencia. Recuerdo cuando en El Salvador, las denuncias expresadas en video fueron creando una expectativa.

Ya hoy por hoy hay posibilidad de ampliar la imagen, no solo por el video, también por internet. Internet que bien utilizado o mal utilizado tiene resultados.

Quiero desarrollar esta idea, ya que también junto a los derechos humanos se presenta el problema del programa político de cada gobierno y sobre todo la independencia que pueda tener cada país y es un tema complicado, que no puede estar alejado del videoasta, porque éste en definitiva es un líder de opinión. Cuando un videoasta toma de la realidad un hecho y lo denuncia y lo polemiza, es un líder de opinión. Un hecho puede ser un reportaje o un documental. Un documental presenta un punto de vista y pienso que de lo que se trata también, es que todo el que hace video y trata de ayudar a la transformación de su sociedad, debe tratar de tener una concertación con sus semejantes para poder ir buscando puntos comunes de baja frecuencia, como un elemento; como un sistema único para transformar su sociedad y trabajar de forma coordinada y no necesariamente debe ser una asociación popular, pero sí tener el sentido de concientizar a la sociedad.

Lamentablemente el Movimiento Latinoamericano de Video que tanta fuerza tuvo en sus inicios desapareció un poco. La misma crisis económica hizo que los cineastas pasaran al video; los videoastas que estaban muy comprometidos, porque para esto hay que estarlo, muchos por necesidad económica pasaron a la publicidad y al final cayeron en la misma mecánica que estaban denunciando. Lamentablemente, las organizaciones que defienden más los derechos de las minorías no tienen los recursos y recurren a entidades financieras, las cuales dirán te ayudo o no te ayudo, pero estos son los parámetros. Es una situación bastante compleja y complicada.

 

Intervención de Arturo Castelán de la Cruz, promotor cultural, escritor y traductor. Educador sexual, articulista, crítico y entrevistador. Director de Mix México, Festival de diversidad sexual en cine y video.

Al momento de estar preparando mi ponencia, había estado leyendo cual era el tema y de que modo podía insertar la cuestión de la diversidad sexual y el documental en los medios mexicanos y en general hacer un poco de historia.

Mi tema se enfoca mucho al video y al cine que se ha venido haciendo desde los años treinta, más o menos en la fecha en que se realizó una de las primeras películas sobre la homosexualidad y se llamaba «Diferente a los Otros», que fue realizada por un comité humanístico comandado por el doctor Magnus Hirschfeld. Digamos que a partir de esa época se empieza a comentar que hay un movimiento gay que atrae a personas muy distintas como al hermano del autor Vladimir Navokov o a Thomas Mann que estuvo en ese mismo comité. Toda esta gente estaba interesada en hablar sobre las sexualidades distintas en esa época en la que todo era tabú, en la que se veía más como un problema médico que como una cuestión social.

Hemos pasado de ser un problema psiquiátrico a ser una más de las facetas de la diversidad social en el mundo. Ese salto ha sido bastante extraño ya que siempre se ha tratado de figurar: ¿Qué es lo que realmente la gente homosexual estamos pidiendo? Si estamos pidiendo derechos específicos o estamos pidiendo derechos especiales. Al momento en el que estamos nosotros descubriendo que tenemos una preferencia o una orientación sexual distinta, de repente nos vemos con que estamos criados con el programa de ver las cosas desde un punto de vista heterosexual. Es un gran choque de ambas culturas, entre la cultura hetero, en la cual crecimos, en la que vemos el sometimiento por cuestiones de género, por cuestiones de raza, por cuestiones de edad y otra que simplemente no está escrita en los libros, que no se nos fue enseñada. Entonces uno trata de imaginarse y deconstruir la identidad que nos dieron y construir una nueva. Eso es una problemática al momento de pedir nuestros derechos.

Yo siento que al momento que estamos construyendo nuestra forma de ver nuestra vida, de amar y de existir, estamos también priorizando y generalmente priorizamos a uno a partir del otro. Estamos priorizando más la existencia de la persona, del yo, sobre la de la comunidad. Entonces es muy difícil ingresar al activismo político, a una toma de conciencia sobre los derechos políticos, sobre el por qué no se tienen y por qué se deben pedir.

Este comité científico alemán del que les hablaba, fue destruido por los nazis en la II Guerra Mundial y el movimiento homosexual se colapsó y se dio origen a las culturas «underground». Estas culturas que estaban interesadas por cuestiones que se llamaban en esa época homofílicas. El término homosexual es de 1897 y nada más lo utilizaban los médicos, ellos hablaban más de homofilia en el sentido griego, en el sentido de belleza. Todos esos eran grandes delitos y había modo de someter a los que los cometían. En esa época Oscar Wilde, fue sometido a un juicio por sodomía lo cual impactó a la sociedad británica de la época en ambos sentidos: a favor y en contra.

Todos estos intelectuales de repente empezaron a ver que mucha gente estaba siendo condenada injustamente por su preferencia y se empezaron a organizar una serie de movimientos, que de ninguna manera buscaban lo que la mayoría de la gente cree, que es que la gente homosexual está tratando de perseguir a otros para volverlos parte de su comunidad; no, sino que en realidad solo luchaban por sus derechos y por ser aceptados como cualquier otra persona.

En el devenir histórico empezaron a surgir comparaciones de la homosexualidad. Trataron de compararla con otros movimientos sociales para que la gente entendiera en qué consistía la diferencia y por qué era válida esa opción de vida y por qué no debía ser atacada y por qué no debía ser temida. Primero se le comparó con el feminismo, movimiento que se preguntaba las razones de la diferencia en cuanto a género: ¿por qué un hombre gana más que una mujer? ¿Por qué las mujeres siempre están sometidas en la casa? ¿Por qué las razones de ese sometimiento?. Se empezaron a preguntar sí todo era biológico, sí todo era construido. Esa pregunta fue la que utilizó el movimiento gay-lésbico para empezar a incidir, si esto no viene de la naturaleza entonces ¿somos o nos hacemos?. Que es una de las grandes preguntas que se han hecho y que en realidad hasta quizá carece de relevancia en cuanto a tratar de darle validez a una vida humana.

Otra comparación que se hizo fue con la raza. En los setenta americanos ya había habido grandes choques raciales porque se creía en la inferioridad de la gente negra y en la superioridad de la blanca, nociones que venían desde el nazismo. Se decía que la gente gay estaba siendo denigrada en la misma forma que la gente negra, que no teníamos derecho a casarnos, como tampoco había derecho al matrimonio interracial en esa época, entonces se utilizó de modelo. Muchas feministas no están de acuerdo en que la homosexualidad se compare con el feminismo, porque la situación es distinta. La mayoría de los activistas homosexuales hombres, obviamente nacen con los privilegios masculinos, entonces cuestionar ¿por qué me hacen daño?, teniendo todos los privilegios, es algo que a las feministas no les parece. Es el caso de las lesbianas que sufren una doble discriminación, por ser mujer y por ser lesbiana.

Entonces dentro del mismo movimiento han surgido divisiones de clase, de raza e incluso de intereses y sin embargo la homosexualidad sigue siendo de los temas que transmina a más campos del conocimiento como la psicología y la sociología. El problema es que la homosexualidad es una realidad paradójica. Las culturas que se han forjado a través de la idea de la homosexualidad, son culturas del deseo y la constante del deseo siempre cambia, siempre se está modificando. La homosexualidad de los treinta no se construye igual que en los noventa; el modo en el que aquí vemos la homosexualidad es muy diferente al que vemos en Holanda o en Brasil, o en Africa.

Uno se cuestiona ¿hasta qué punto estamos hablando de diversidad, hasta qué punto la diversidad sexual es en realidad, una metáfora que esconde un vacío?. Sí los movimientos homosexuales son tan inclusivos, sí de verdad nos importa tener todo tipo de personas que comulgue con nuestras ideas, o en realidad estamos tan interesados en afirmarnos ante los demás, que somos capaces de traicionar a otros grupos.

El cine y el video han tratado de reflejar estos asuntos, específicamente a través del documental. El cine y el video estuvieron mucho tiempo invadidos de la imagen de Hollywood, que tenía ciertos lineamientos muy específicos, en los que obviamente aparecía la homosexualidad como un delito o adulterio. Siempre hubo una cuestión sexofóbica. En los años treinta se establece una ley de censura que perdura hasta los ochenta, cuando las leyes se desafían y se exhiben varias películas sin censura amparándose en cuestiones legales. La homosexualidad siempre fue el gran tabú de todas las épocas. Se condenaron los desnudos, el adulterio, las drogas, pero la homosexualidad siempre fue algo mal visto, como algo delictuoso o en el mejor de los casos como un problema clínico. Los personajes cinematográficos tenían una vida no valiosa, por lo general se suicidaban o eran asesinados sin que a nadie le importara o esta acción era aplaudida por el público.

Afortunadamente aparece el super 8 y el 16 milímetros al momento en que los movimientos gay-lésbicos vuelven a tomar fuerza en E.U.A. En 1969 en un bar neoyorkino llamado Stonewall, de repente empieza a haber una serie de travestis y lesbianas que se sienten molestos de que la policía venga a agredirlos y deciden rebelarse en contra de estos abusos. Se produce una rebelión muy similar con el caso de Rodney King, cuando apareció un video que daba cuenta de la golpiza salvaje que le ponen los policías a una persona, solo porque era negra. Esta rebelión gay que duró tres días ni siquiera fue registrada en los periódicos de la época. Entonces surge el «Movimiento Contemporáneo de Liberación Homosexual» y en Nueva York toman la cámara de super 8 para registrar estas cosas que los medios de comunicación se negaban a transmitir como no fuera deformadas, diciendo: los invertidos toman la calle y peligran tus hijos.

Con los documentales lo que querían hacer estos artistas, era llevar imágenes y experiencias a dos tipos de audiencias. A una audiencia gay, a la audiencia que les concernía y de la que salían esos mismos trabajos, para concientizarlos de lo que estaba sucediendo e incluso para levantarles la autoestima y decirles: tú eres tan normal como cualquier persona y tienes los mismos derechos y la obligación de pelear por ellos y de ser feliz. Por otro lado estos documentales eran también una técnica de shock para todas las personas que no pertenecían a la comunidad. Eran unos documentales rebeldes, en los que se hablaba no precisamente de homofobia pero sí de discriminación sexual.

Estos dos tipos de documentales, empezaron a incidir en el momento en que Russell Von Proheim, un director alemán, decide hacer una película llamada «El Homosexual no es perverso, sino la situación en la que vive». Decide llevarla a varios bares aunque no había en esa época en Alemania una organización homosexual interesada en la defensa de los derechos humanos de la gente gay. Lo empieza a presentar y es un documental donde hay partes de ficción en las que se habla de la imposibilidad de un romance por causas sociales y donde otras personas explican su forma de ligar, en los baños, las calles y la forma en que son extorsionados. Habla sobre todo de la pérdida de la dignidad por ser homosexuales y el modo en el que de repente se sentían cómodos con eso, diciendo: «Bueno, ni modo, así nos tocó vivir», y otro cineasta decidió cuestionar esta actitud, hacer una película y varios talleres en ciudades alemanas. La gente comenzó a juntarse en pequeños lugares, pero también en Hamburgo y en Berlín incluso y empezaron a ver la posibilidad de crear grupos gays, tomando el modelo americano que ya existía y que tomó fuerza en las ciudades donde el sistema legal americano les permitía vivir adecuadamente, como en el caso de San Francisco y de Nueva York.

Posteriormente el video hizo lo mismo. Fue maravilloso que el video llegara a las regiones del tercer mundo, porque era mucho más barato que el cine. En el momento en que desaparece el super 8, solo queda la posibilidad de filmar en 16 y 35 milímetros y es muy caro, aparte de que exige una serie de requerimientos técnicos que no están al alcance de todo el mundo. El video empieza haciendo lo mismo y se mete a lugares de Latinoamérica como en Chile donde Francisco Casas hace un documental sobre la situación de los homosexuales en su país que se llama «Actos de Memoria», que es un video técnicamente bastante deficiente, pero lo que se entiende es muy estrujante y es muy molesto ver como gente tan culta y tan interesada en el bienestar general han sido perseguidos por su propio gobierno y como se han vuelto prisioneros de conciencia en su propio país.

Aquí en México existen una serie de documentales que son más bien registros de acontecimientos. Obviamente se ha tomado registro de los congresos lésbicos feministas, de las marchas, como el que se presentó en este festival llamado «Y sigue la Marcha Andando» de Guadalupe Loera. También hay documentales afirmativos en los que se relata la historia de alguien , como el de Rotmi Enciso del grupo Telemanita, que narra la vida de una mujer que impacta por la forma tan normal en que se puede vivir una situación lésbica.

Lo que ahora se denomina cine gay, denominación que aparece en los ochenta, resurgió a la par del festival de Sundance. Es un cine en el que se trata de manejar imágenes no estereotípicas de la gente gay. Ya no se intenta tomar la estructura hollywoodense sino que se abordan otros temas. Ya se cuestionan algunas cosas que se consideraban políticamente incorrectas y se retoman muchos de los principios de las primeras películas de ficción gays que se hicieron en los años cuarenta y posteriormente en los sesenta y setenta donde se maneja el lenguaje experimental.

Ahora los documentales tienden a coquetear con la frontera de la narrativa y de repente algunos directores son intrusos de la realidad y empiezan a modificar las situaciones para obtener escenas que los lleven a sus objetivos. Ese es uno de los estilos que se está manejando. Obviamente el otro es el documental subjetivo, de intimidad que está basado en un concepto de collage muy psicoanalítico, incluso en el que de repente está hablando una videoasta. Me refiero al documental «Medias Mentiras» de Ximena Cuevas, donde esta muchacha está comentando un día de su vida, habla sobre su pareja que es actriz y que quiere hacer una película, pasa la entrevista que le hacían, en la cual la están convenciendo de que ya que es una mujer moderna, feminista, a favor del arte y demás, debe desnudarse para que la película tenga éxito. Al mismo tiempo Ximena recorre la ciudad y ve en varias partes cosas que la atraen del momento: en una tele ve el informe presidencial y recuerda el momento en que Jesusa Rodríguez le dio al presidente Zedillo un diploma bastante extraño. En fin es una serie de asociaciones bastante chistosa y temible ya que de repente compara una fiesta de XV años de un barrio pobre con una en zona rica, en donde el objeto de deseo es una mujer.

Estas son mis reflexiones en torno a la función del documental en la temática de la diversidad sexual.

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MESA REDONDA:
INDÍGENAS

Moderador: Lic. Guillermo Villaseñor, investigador de la Universidad Autónoma Metropolitana-Xochimilco.

Intervinieron en la mesa: la Lic. Bárbara Zamora, el Lic. Virgilio Caballero y el realizador Guillermo Monteforte.

 

Intervención de Bárbara Zamora, licenciada en derecho por la UNAM, dedicada a la defensa de los Derechos Humanos y Garantías Constitucionales, y a la asistencia legal de problemas agrarios y penales a campesinos e indígenas. Articulista en varios diarios y colaboradora en programas radiofónicos. Es abogada del Bufete Jurídico Tierra y Libertad.

«LA FUNCIÓN SOCIAL DEL VIDEO»

Uno de los principales problemas de las comunidades indígenas es su aislamiento geográfico. Su lejanía de las ciudades o cabeceras municipales y la falta de carreteras y de medios de transporte agudizan este problema que impide que tengan acceso a los medios de comunicación aún locales para denunciar hechos o situaciones de violación a sus derechos humanos que viven cotidianamente.

La problemática indígena era casi desconocida hasta enero de 1994, cuando tuvimos noticias de que los indígenas del Ejercito Zapatista de Liberación Nacional habían decidido luchar por la vía armada, por trece demandas cuya legitimidad y justeza nadie puede cuestionar.

Actualmente la población que era totalmente ajena a la problemática indígena se ha sensibilizado y hay muchas voces que piden respeto a los derechos de los pueblos y comunidades indígenas, así como la solución a sus demandas.

Son múltiples los problemas que enfrentan los pueblos y comunidades indígenas, entre otros, la violación sistemática a los derechos humanos. Esta violación a los derechos indígenas, se inscribe en la violación de las garantías constitucionales a nivel nacional y en la ruptura del estado de derecho que se ha dado por parte de las autoridades de los distintos niveles de gobierno y en genera