Memoria del Encuentro
Hispanoamericano del Milenio
de Video Documental Independiente:
Contra
el Silencio Todas las
Voces
LAS
MESAS REDONDAS: VIDEO Y SOCIEDAD
Lunes 26, Martes 27, Miércoles 28,
Jueves 29 de Junio del 2000
Casa de Cultura «Jesús Reyes Heroles»
Ciudad de México
·
Movimientos Sociales: Urbanos,
Populares, Campesinos y Armados
·
Movimientos en Torno a la Defensa
de: la Democracia y la Paz, los Derechos Humanos y la Diversidad Sexual
· Indígenas
· Mujeres
MESA REDONDA:
MOVIMIENTOS SOCIALES: URBANOS, POPULARES, CAMPESINOS Y ARMADOS.
Moderador:
Lic. Lucio Oliver Costilla
Investigador del CELA de la Facultad de Ciencias Políticas y
Sociales de la UNAM.
Participan
la Dra. Paulina Fernández Christlieb, la Lic.
Sonia González Rivero, el Lic.
Héctor Cervera Gómez, el Dr.
Carlos Martínez Assad y el Realizador argentino Humberto
Ríos.
Intervención
de Paulina Fernández Christlieb, doctora en Ciencia Política
por la UNAM y actualmente Profesora de Carrera de la Facultad de Ciencias
Políticas y Sociales de la misma universidad.
«FUNCIONES
SOCIO-POLÍTICAS DEL VIDEO INDEPENDIENTE»
El
video independiente seguramente adolece de problemas similares y se
enfrenta con los mismos obstáculos que tiene todo trabajo, toda
actividad, toda organización y toda persona que pretenda ser
y vivir libremente, esto es, sin estar vinculado al Estado ni subordinado
a las leyes del mercado, sin vivir sometido al poder económico
ni político.
Simultáneamente
y de manera especial frente a los movimientos sociales y ante los conflictos
políticos de las últimas décadas, el video documental
independiente y comprometido con los pueblos en lucha, ha devenido un
medio de apoyo a la resistencia y una forma de resistencia en sí
mismo, en contraste con los modernos mecanismos de control político
sobre la población, que utilizan la imagen como su eficaz aliado.
Son
las características anteriores las que permiten suponer que este
tipo de video puede escapar a las críticas que se concentran
en denunciar el peligro que para el ser humano representa la preponderancia
de lo visible sobre lo inteligible, el riesgo de ver sin
entender. "el video -afirma Sartori-está transformando al
homo sapiens, producto de la cultura escrita, en un homo videns
para el cual la palabra está destronada por la imagen."
Muchas
pueden ser las funciones del video, mas ahora interesa comentar el papel
del género documental como testimonio de movimientos sociales
que han decidido intensificar la lucha política contra el estado
de las cosas, por la vía armada. El trabajo documental independiente,
de videoastas comprometidos, ha jugado una función social y política
múltiple:
·
En primer lugar, ha registrado y difundido acontecimientos que la sociedad
civil en general no podría haber presenciado, y que la mayoría
de los medios masivos no ha estado dispuesta a difundir.
·
En segundo término, esos testimonios se han convertido con mucha
frecuencia en registros duraderos de acontecimientos, en contribuciones
a la memoria para la historia de un pueblo, más allá de
sus protagonistas.
·
En tercer lugar, ha desempeñado una labor de verdadera comunicación,
de envío de mensajes de ida y vuelta, entre la sociedad civil,
nacional e internacional, y los núcleos clandestinos de los movimientos
armados.
·
Finalmente, sin pretender ser exhaustiva, la circulación internacional
de la información e imágenes independientes, ha contribuido
en momentos decisivos a contener las ofensivas gubernamentales contra
los grupos insurgentes, evitando así la tentación de sofocar
militarmente los conflictos socio-políticos.
Para
Giovanni Sartori, "la aldea global" de Mac Luhan, en realidad
no es tal porque parte del mundo permanece oculta ante los ojos de la
otra parte: "La cámara de televisión entra fácil
y libremente en los países libres; entra poco y con precaución
en los países peligrosos; y no entra nunca en los países
sin libertad. De lo que se deduce que cuanto más tiránico
y sanguinario es un régimen, más lo ignora la televisión
y, por lo tanto, lo absuelve." Masacres ocurridas en diversos países
no han existido para la mayoría de la población mundial,
simplemente porque la televisión no ha llegado hasta el lugar
de los hechos o, porque las imágenes de esos acontecimientos
no han sido profusamente difundidas. Sobran razones para pensar que
los gobiernos responsables de esas masacres son los más interesados
en que no se conozca esa realidad interna.
La
anterior apreciación podríamos hacerla extensiva a países
como México o -para decirlo con mayor precisión-, a ciertas
regiones de México ignoradas por la televisión. Baste
recordar la matanza de Acteal, municipio de Chenalhó, en Chiapas,
el 22 de diciembre de 1997, cuyos responsables físicos, intelectuales
y políticos, actuaron con la certeza de una ausencia absoluta
de testigos externos. No se conocen imágenes videograbadas, ni
fotografiadas, de lo sucedido durante esas horas de terror, dolor y
muerte. No es muy difícil poner obstáculos a la prensa,
aunque ésta no sea comercial, para que no se interese ni se interne
en zonas peligrosas o prohibidas, cuando un gobierno se lo propone porque
así conviene a su política interior. A esa otra mitad
del mundo a donde no llegan las cámaras de televisión,
el video documental independiente puede acceder para que no ignoremos,
para que no nos olvidemos del lado oscuro del mundo.
En
la llamada zona de conflicto de Chiapas, cuyas fronteras cambian según
las necesidades del gobierno, el control sobre los visitantes y la expulsión
de los nacionales de otros países, han sido práctica generalizada
y cada vez más intensiva. El objetivo es impedir que la gente
se lleve consigo testimonios de la militarización de los caminos
y comunidades, de las violaciones flagrantes a las garantías
individuales, de las limitaciones de facto a los derechos y libertades
constitucionales, de la guerra silenciosa. En esta lucha del gobierno
mexicano por ahuyentar y combatir a los testigos, quienes pueden captar
testimonios y llevarlos en imágenes al resto del mundo, son los
expulsados preferidos.
Los
documentales independientes han cumplido una función social y
política, digna de reconocimiento para quienes los graban. A
diferencia de los que sólo cargamos con nuestras ideas, con nuestros
pensamientos, con nuestra conciencia, que no se ven ni se notan mientras
guardamos silencio, los videoastas se arriesgan por el solo hecho de
viajar con su equipo de trabajo. De la misma manera que la prepotencia
de policías y soldados se ve reforzada cuando empuñan
una cámara de video y la utilizan como arma para intentar vencer
las convicciones expresadas en solidaridad, y confirmadas con la presencia
en la llamada zona de conflicto, así también soldados
y policías se sienten amenazados ante una cámara que se
llevará su rostro, su actitud, sus infracciones.
La
socialización internacional de las experiencias y testimonios
de grupos armados locales, es una muy importante función de los
videos documentales independientes. En diversos encuentros internacionales
se ha introducido como una novedosa modalidad la participación
a través del video. No es por casualidad que sean los grupos
guerrilleros de diversos países de América Latina, los
grupos armados, en pie de lucha, clandestinos, los que no pudiendo hacerse
presentes en persona, recurran al material videograbado para transmitir
y hacer reproducir sus mensajes.
Como
quiera que sea es un material que transmite las vivencias, los conflictos,
los protagonistas, en imágenes. Imágenes en una época
en que ya la televisión ha andado un buen trecho en la conformación
de la conducta y hábitos de la gente, acostumbrada cada vez más
a recibir lo que le manden en una pantalla. Todo lo que pueda haber
ya distorsionado la televisión, todo lo que de negativo y perjudicial
para la mente humana pueda tener la adicción a la imagen, puede
transformarse si en lugar de programas enajenantes y desinformantes,
la gente puede tener a la mano videos con testimonios edificantes, estimulantes,
enaltecedores, con ejemplos dignos de imitarse. Puede servir también
para rescatar, recuperar valores perdidos o muy olvidados a favor de
valores ajenos, por culpa de los intereses dominantes, los que sustentan
como ejemplo a seguir los señores del poder económico
y político, asociados cada vez más al comercio y al consumo,
a la injusticia y al abuso, a la corrupción y al crimen.
El
gran reto del video independiente, también llamado alternativo,
es que deje de ser marginal sin dejar de cumplir con las funciones socio-políticas
que ha venido desempeñando en los últimos años.
Con coordinación, esto es, con organización, la Red
que se están proponiendo construir en este Encuentro Hispanoamericano
puede ser la respuesta inicial.
Pero
para cumplir cada vez más ampliamente y de mejor manera dichas
funciones se requiere de una Red que no sea sólo para
expresarse solidaridad entre los videastas, ni para hacerse saber de
sus mutuas existencias y confirmar la semejanza de sus problemas, sino
una Red que incluya la producción y sobre todo la distribución,
lo cual supone sumar esfuerzos, conjuntar recursos, compartir proyectos,
reconocer méritos, respetar créditos, y por encima de
todo esto, identificar objetivos históricos comunes.
Intervención
de Sonia González Rivero, licenciada en Sociología
por la Facultad de Ciencias Políticas y Sociales de la UNAM,
directora y productora de documentales, series televisivas y transmisiones
especiales en zonas de conflicto como Panamá, Haití, Nicaragua
y Guatemala.
«SOMOS
NUESTRA SANGRE, SOMOS LA GENTE QUE HEMOS VISTO MORIR, SOMOS LIBROS QUE
NOS HAN MEJORADO. SOMOS TOTALMENTE OTROS.»
Jorge Luis Bórges.
El
quehacer del documentalista está estrechamente vinculado a sus
necesidades narrativas. Él, como generador de información,
percibe o analiza un suceso desde su óptica. Todo lo que registre
y narre contendrá una carga ideológica. Por décadas
creamos obras con destinatarios precisos. Ya sean los medios de comunicación
o los movimientos sociales.
No
siempre, más bien en contadas ocasiones, se logra que los movimientos
sociales se reconozcan en los videos documentales. Somos finalmente
contadores de historias. Pero, ¿desde qué perspectivas las contamos?
¿hasta dónde estamos dispuestos a vincular el acontecimiento
con nosotros mismos?. Siempre que hago un trabajo me pregunto esto y
Joris Ivens nos daba luces al respecto «un ojo en la cámara,
otro en la realidad y otro en el futuro».
Mi
experiencia comienza a principio de los años setenta cuando el
país había quedado dividido después de los sucesos
del 68. Los movimientos sociales mantenían ocupado a un segmento
de los documentalistas, los otros, se mantenían produciendo las
historias oficiales que veíamos en las salas de cine.
Alguna
vez vi a Díaz Ordaz inaugurando la carretera Transpeninsular
en Baja California Sur cuando todavía no existía. Fue
señal inequívoca de que había que ponerse a trabajar.
Y así lo hicimos. Miles de cientos de pies de material Super
8, ocho, dieciséis y hasta 35 milímetros, se registraban
de manera sistemática, aburrida y espantosamente solemne sobre
las diferentes manifestaciones de los movimientos sociales. Las marchas
cuando eran un asunto serio, cuando no eran un lugar común. ¿Dónde
estaba el tapón de la distribución? ¿Quién tenía
el destapador? Que hagan cine decían las autoridades, pero que
no se distribuya decían los dueños de las salas y los
medios.
Las
experiencias del nuevo cine independiente y las cooperativas de cine
engrosarían las filas de los documentalistas ajenos al presupuesto
oficial y a los canales de distribución formales. Por eso somos
independientes, por que somos independientes al presupuesto, al proyecto
de comunicación establecido por el estado. Al tiempo la experiencia
ha sido amplia y enriquecedora. Los movimientos liberadores de esa parte
del continente han requerido de muchos esfuerzos para romper el cerco
informativo, para romper el silencio y que nunca más se repitan
esas historias.
Mi
afortunada generación tuvo el privilegio de conocer y aprender
de Gregorio Selser, Carnero Checa, Rodolfo Puigross, Manuel Buendía
y de un personaje que marcaría mi vida profesional, Antonio Pérez,
Mario Zapata, capaz de comprender los procesos, analizarlos y compartirlos.
Amigo entrañable y maestro, Antonio fue una influencia tan grande
que finalmente determinó mi vocación de documentalera.
Más
que las noticias, el documental me da tiempo de reflexionar y de participar
de otra manera en los movimientos sociales. La revolución Sandinista,
nos permitió conocer nuestra región. Muchas historias
se relacionaban ahí. En principio lo más importante fue
ver a medios nacionales e internacionales mostrando una cara de Centroamérica,
ya no eran las imágenes de Carmen Miranda entre la rumba y plátanos
sobre la cabeza. Ahora, ocupaban las primeras planas la lucha de liberación
de Nicaragua, un paisito que todavía los medios internacionales
no lograban ubicar en le mapa.
Sucedían
entonces cosas terribles y maravillosas en el continente. Porque así
son los pueblos empeñados en su lucha de liberación. En
esas luchas fratricidas en que hermanos se enfrentan contra hermanos.
No solo se encontraba convulsionada Nicaragua, las guerras se extendían
por todo el continente, el cono sur se estremecía bajo las terribles
dictaduras.
Yo
quiero referirme a la guerra de Guatemala en particular. Los trabajos
documentales me ocuparon profundamente en esa historia. No hubo un país
donde yo encontrara más razones para trabajar que ese. Mi participación
fue poca, insignificante en términos históricos pero tal
vez la más constante que yo he mantenido.
Mis
vínculos con los movimientos revolucionarios en la región
fueron diversos. Organizaciones sindicalistas, centrales campesinas,
desplazados, organizaciones sociales. Este fue un camino difícil
plagado de traiciones y dolor. No es alegre la guerra. Decisiones, sospechas,
terror y delaciones acompañaron al movimiento. ¿Qué distancia
habría que tener para contar esa historia? ¿Cómo hacer
para transitar entre la necesidad de saber denunciar sin perder la cabeza,
la cordura, sin acabar siendo un miembro de la lucha de liberación?
Muy pronto comprendí que no era guerrillera. Mi papel era precisamente
contar las historias que ahí sucedían. Mi lucha era contra
el olvido.
Ya
para la década de los ochenta, el agotamiento de la guerra de
alta y baja intensidad habían mermado mi relación con
Guatemala. No sabía hasta donde llegaría mi capacidad
de no volverme loca paranoica y ser útil. Cuando en Guatemala
viene la matanza de Panzós, pasó por mi cabeza después
de varios años, la certeza de estar en lo correcto, de la necesidad
de registrar estas historias.
Los
trabajos que realicé fueron en su mayoría materiales de
denuncia y que poco o ningún espacio encontraron en los medios
electrónicos. La frustración se hace inmensa, de pronto
un material que lográbamos incorporar a los noticiarios nos parecía
un triunfo. Las organizaciones querían más, no siempre
entendieron la dificultad que suponía contar con un poco de espacio
en ese estado de cosas terrible.
Los
cuestionamientos eran comunes ¿para qué especificar lo qué
era un documental? Algunos tardaron diez años en producirse.
No era fácil penetrar los retenes y trabajar de acuerdo a lo
que uno había decidido con entera autonomía y eventualmente
convencer a las organizaciones, moverse en el territorio del UNORCA
o de las FAR y al otro día entrevistar a un general o a una primera
dama y que esto no levantara sospechas de cualquiera de las partes.
Había
que hacer productos útiles para la lucha social. Productos que
quedaban guardados por tiempo indefinido hasta que puedan ser llevados
con los compás.
Hay
documentalistas que son patrocinados por los medios o las organizaciones.
No es mi caso. Acá, había que producir un sinnúmero
de escenas para regresar y hacer la última secuencia de algo
que siempre se aplaza. Así tengo un documental de Haití
que espera pacientemente ser terminado cuando haya tiempo. Hoy tengo
un amplio testimonio de lo que pasó en Guatemala. Me sorprende
que Ríos Montt sigue participando y ganado espacios.
Me
abruma entender que la mitad de mis personajes han muerto. Que los materiales
que guardé prudentemente para no provocar rupturas entre los
movimientos sociales, no han cumplido su misión de servir como
memoria de ese pueblo. Me preocupa el hecho de que una vez terminada
la guerra, una vez firmada la paz, ya no están más con
nosotros queridos personajes sin los cuales la historia hubiera sido
otra. Porque después de más de 34 años de guerra,
uno no se haya en la paz.
Finalmente
creo en el trabajo documental como herramienta de lucha de los pueblos.
Confío en que los acervos históricos se recuperen y habría
que trabajar de manera incansable para lograr el respeto de la libertad
de creación y expresión de los documentalistas para recuperar
la memoria que impida que el silencio le gane a la realidad. Gracias.
Intervención
de Héctor Cervera Gómez, licenciado
en Medicina Veterinaria y Zootecnia de la UNAM, diplomado del Centro
Universitario de Estudios Cinematográficos de la UNAM, director
y productor de documentales y series televisivas, corresponsal para
Canal 11, 13 y CBS News, director de TV-MAS de Veracruz, actualmente
es el Coordinador de Televisión de la Universidad Iberoamericana.
Bueno
yo no tengo una ponencia formal. Yo lo que quiero platicarles es la
experiencia que ha significado producir videos independientes. Todo
empezó a principios de los años setenta en los cursos
de cine de «Luis Buñuel», donde diferentes tendencias de ese
momento y que siguen existiendo hasta ahora se manifestaban.
A
partir de estos cursos que tuvieron una repercusión bastante
fuerte, se manejaron y siguen existiendo dos tendencias. Una representada
por el Taller de Cine de Arte y por otra parte la Cooperativa de Cine
Marginal que representaba al cine ligado a los movimientos sociales.
El problema fue siempre producir. El Taller de Cine siempre tuvo subsidios
que venían de Bellas Artes o de alguna institución gubernamental
y la cooperativa obviamente no tenía ningún subsidio.
La
cooperativa, de la cual formé parte, se formó para poder
difundir estos movimientos sociales. Después de este segundo
curso, varios activistas ligados sobre todo al movimiento de los trabajadores
universitarios y al de los electricistas, habían estado bastante
interesados en esta forma de trabajo. Se puso un acento en lo que era
la distribución, de manera que después de la función,
boteando, se pudieran obtener recursos para seguir produciendo la experiencia,
cosa que dio muy buen resultado.
De
repente pudimos tener hasta 12 proyectores de cine super 8. Teníamos
un procedimiento para producir: antes te vendían el material
con el revelado incluido, que era bastante sencillo después de
regrabar y hacer tu original y las copias para reproducirlo. Ya no teníamos
que ir a la farmacia y pedir un rollo y después unas aspirinas
para echarnos a correr para registrar la marcha a la vuelta de la esquina,
de alguna manera se sistematizó. Pero esto generó una
tendencia mayor entre la gente que verdaderamente quería hacer
cine y seguir el camino del documental, o quienes pretendían
hacer activismo político. Muchos amigos se inclinaron por el
activismo político y siguieron en él. Otros se dedicaron
al documental, al video y al cine independiente. Nosotros decidimos
separarnos de la cooperativa por que no podíamos ya con el trabajo
del activismo político, el del cineasta independiente y el de
trabajar.
Formamos
un grupo que se llamaba «Canario Rojo», que trabajó durante mucho
tiempo haciendo obras muy ligadas a los movimientos sociales. Primero
en Centroamérica, después el resto del mundo como Angola,
Etiopía, Vietnam; en fin, en un sinnúmero de lugares.
Pero aún así los costos eran altísimos y había
que buscar caminos para encontrar la infraestructura que permitiera
tener las condiciones adecuadas.
Todavía
no había video ni mucho menos, había que hacer las cosas
en cine. A nosotros nos tocó el cambio. Mucho de nuestro trabajo
lo vendíamos a los noticiarios, al Canal 11, al 13, a CBS. Esa
es una cuestión que mucha gente no entiende de los realizadores.
Mucha gente no entiende que para producir una película independiente,
tú tienes que pagar todo, porque si no, tienes que vender tu
material y que lo utilicen y lo manipulen de acuerdo a sus criterios.
Tenías
que convertirte en carne de cañón. Estar en el frontline
para tener unos dólares más. Ya sabías que en los
medios internacionales no lo ibas a firmar tú sino el que daba
la cara. Bueno, no había otros caminos. El poder realizar esto,
y es a lo que voy, ¿cómo encontrar estos caminos que preserven
el trabajo?. No el del activista político, porque es muy difícil
llegar como cineasta a un movimiento que no entiendes cómo está
conformado internamente y del que solo tienes nociones, más en
países que te son ajenos, más en países en los
que no entiendes el idioma; y cómo tener distancia suficiente,
el ojo suficiente y al mismo tiempo ir aprendiendo el oficio de contar,
cómo ahorrar material y contar historias más eficaces.
Esto solo se aprende haciéndolo.
A
mí lo que me preocupa es que después de 30 años
se siga discutiendo lo mismo. Lo mismo que discutimos en los primeros
cursos de cine super 8 y que no hemos podido superar.
No
tenemos los cineastas, ni los videoastas mucho menos, frente a las grandes
empresas, ni siquiera una asociación que nos dignifique en términos
de salarios mínimos profesionales. No tenemos esa mínima
organización para podernos comunicar, para saber cuanto estamos
cobrando entre nosotros mismos.
Tenemos
que encontrar mecanismos que protejan a la nueva generación de
videoastas y documentaleros para que puedan ejercer su oficio. Tal vez
a través de las universidades donde trabajamos o en la misma
UNAM. Pero una organización propia, siempre que hablamos de organizaciones
hemos salido peleados, hay una especie de canibalismo. El problema está
ahí. El papel que tiene que jugar otro, ¿cómo preservar
esos talentos?. Hay cuestiones interesantísimas en los videos
que he visto. Tú sabes que para salir al extranjero, si no vas
con una cobertura oficial, cualquiera que esta sea, vas como carne de
cañón.
No
habrá quien te respalde ni vas a poder tener acceso a nada. Entonces
necesitas una representación oficial, un algo que te de esa cobertura,
que todo mundo internacionalmente la tiene. Nosotros no la tenemos,
o vas de Televisa o de Azteca. Ahí hay preguntas: mi ponencia
iba dirigida a un cuestionamiento hacia estas preguntas en el aire.
Pero bueno, después de 30 años nos las tenemos que seguir
replanteando y eso a veces cuesta trabajo. Gracias.
Intervención
de Humberto Ríos, nacido en Argentina,
pintor, escenógrafo, fotógrafo y realizador de documentales
y de cintas de ficción. Ha participado en múltiples festivales
y ha obtenido diversas distinciones.
Buenas
noches. Con respecto a esto que estamos tratando, yo he llegado ya a
un momento en el cual pienso que debo mirar atrás y recorrer
con la memoria todo mi pasado que tiene que ver mucho con los movimientos
sociales de Argentina y América Latina, e inclusive con un movimiento
político- militar en Francia.
Muchas
veces he pensado si en realidad yo era una persona dedicada o con vocación
de documentalista, en función de que yo tenía un don algo
así como llegado no sé de donde, para hacer cine documental,
sobre todo político.
Me
doy cuenta que fue la realidad la que me impuso el oficio de cineasta.
Yo me fui a Francia con la idea de seguir trabajando en la pintura y
escenografía y es allá que cae en mis manos una foto de
un documental argentino de Fernando Birri que me fascinó. Tuvo
la virtud esa foto de conectarme con una persona que a su vez me llevó
a estudiar cine en Francia en el IDHEC, donde conocí a Manuel
Michel, mexicano, a Salvador Elizondo, mexicano; a Costa Gavras y a
muchos más que me obligaron a pensar en un cine determinado que
tiene que ver con un cine de moda, del momento. El nuevo cine francés
que rompía con las tradiciones del cine de papá, del cine
bonito de Francia.
Conocí
en ese momento a Nicolás Guillén, ustedes sabrán
quien es. En el cine que quedaba frente del hotel donde se hospedaba,
veíamos las películas de Luis Buñuel que para mi
eran melodramas simplemente y él me enseñó a ver
las películas de Buñuel, todo lo que había por
debajo de las imágenes. A su vez, compañeros de la escuela
de cine me obligaron a discutir sobre un tipo de cine que yo totalmente
desconocía, hablo de Truffaut, de Rivette, de Alain Resnais.
Solían discutir a la salida de la cinemateca, de cine, entre
ellos hablaban de Chaplin, que para mi era solamente un payaso, un cómico.
Empecé
a descubrir lentamente que debajo de la estructura visual, debajo de
esa carpa cómica, había una humanidad no descubierta por
mí pero sí esta vez, alertada por la presencia de gente
que me enseñaba a ver y analizar.
Paralelamente
ocurría en Francia la guerra de Argelia. En el IDHEC se formó
una pequeña célula de estudiantes comprometidos con la
independencia de Argelia que me arrastraron y yo inocentemente ingresé
al grupo que tenía como tarea reunir fondos para después
depositarlos en una red que enviaba el dinero a Suiza y después
a Argelia. Primer compromiso político donde casi inocentemente
me vi embarcado. La célula cayó. Los compañeros
fueron presos y yo me escondí. Primera vez que sentía
la persecución en mis talones por algo que a mí no me
tocaba de cerca. Pero viendo las imágenes de un libro con algunas
fotografías de las torturas del ejercito francés en Argelia
pensé, esto hay que mostrarlo, hay que darlo a conocer más
allá de la publicación clandestina. No pude hacerlo porque
la búsqueda de mis compañeros me obligó a refugiarme
en casa de otros amigos.
El
director de la escuela, un francés que había estado al
mando de la policía durante la ocupación alemana, tuvo
por mí cierta simpatía y me sentí muy extraño
con esa simpatía, porque me mandó llamar para ofrecerme
un trabajo. Yo había estudiado la línea de camarógrafo
y director en el IDEHC. El trabajo consistía en ser fotógrafo
bien pagado con cuenta en banco, alojamiento, viáticos, es decir
tocando el cielo. Yo vivía con 30 mil francos y ellos me ofrecían
cerca de 150 mil francos mensuales. ¿Qué tenía que hacer?
Ser camarógrafo de las fuerzas armadas francesas en Argelia.
Así como ustedes se rieron, a mí se me atragantaba la
sangre en la garganta.
Empecé
a tener sentido de un compromiso que yo había asumido simplemente
por generosidad con mis compañeros y de pronto, se convertía
en un compromiso de vida. En estos momentos estaba en París una
directora de televisión argentina, María Avellaneda. Le
conté la historia. Me dijo -No te aflijas, te hago una carta
con un sello del Canal 7 de Buenos Aires diciendo que te contrato-.
La hizo. Fui a ver al director y le mostré la carta y me fui
rápidamente, llegando a Buenos Aires el 25 de mayo de 1960. Esto
es el día de las fiestas patrias de Argentina.
¿Cómo
ingresé al cine político? Por una vía muy extraña.
Primero tenía esa experiencia de Francia y la guerra con Argelia,
la de la persecución política, la persecución policial.
Sentía que algo estaba pasando en el mundo y no podíamos
estar ajenos. El primer documental que hice apenas llegué en
1960, fue un documental basado en una idea que me traía golpeando
en la cabeza sobre los campos de concentración, que dura 20 minutos,
se llama «Faena». La metáfora que utilicé para hablar
de eso, de ese momento tan espantoso, fue la de hacer un documental
sobre un matadero donde se matan los toros y las vacas que alimentan
a la ciudad. El mundo concentracional y el de la violencia, ese fue
el reflejo con el cual yo trabajé lo que sería hasta hoy
un clásico del cine documental argentino «Faena».
Había
empleado la metáfora como forma de llegar, un lenguaje no muy
claro, no muy preciso, no demasiado abierto; pero sí la metáfora
golpeó mucho, porque de todas maneras, el documental golpeó
y pegó y hoy todavía lo estudian los alumnos de las escuelas
de cine; era la primera vez que un documental tocaba temas trascendentes,
hasta el momento los documentales hablaban de puertas, de tranvías,
de ruedas, nubes, arbolitos, papalotes y no había nada. Esto
fue mi primer compromiso fuerte que tuve con la realidad.
El
segundo fue cuando, trabajando con Solanas, Fernando Solanas, el que
hizo «La hora de los hornos», decidió filmar y dejarme a mí
a cargo de su empresa. Era una empresa de publicidad; y esto viene al
cuento con respecto al hecho de cómo financiar al cine político.
Pensamos que la publicidad podría brindarnos los fondos necesarios
para poder hacer el cine que nos interesaba, que nos permitiría
ser libres, porque no dependíamos de un productor ni del estado
ni de nadie. Nuestros fondos que habían sido ganados por la publicidad,
se volcaron a financiar «La hora de los hornos» y otras películas.
Así podíamos ser totalmente libres y lo fuimos. Pudimos
seguir haciendo documentales con esta fórmula. Hacer publicidad,
sacar dinero y destinarlo al cine político. Ganábamos
la libertad absoluta en cuanto a nuestro material y no sufríamos
de ninguna censura o de ningún control.
Esa
experiencia la quisimos trasladar a varios lugares y se dio efectivamente
como una escuela. De pronto en Brasil se empezó ha trabajar en
publicidad y destinar los fondos para el cine político. Yo hice
con este sistema un largometraje en Chile que representó a Argentina
y a Chile en el Festival de Berlín. Inmediatamente empecé
a sentir el compromiso con un tipo de cine mucho más fuerte que
el que se imponía en esos momentos.
Ya
había sucedido el Primer Festival de Viña del Mar, y en
el segundo, yo descubrí el cine político por excelencia.
Porque era la primera vez que nos juntábamos los cineastas latinoamericanos,
que nos conocíamos de nombre. Pudimos reconocer la geografía
política de nuestro continente, la geografía humana de
todos nuestros compañeros y empezó un movimiento global
en América Latina que generó un movimiento muy amplio
que se llamó «Nuevo Cine Latinoamericano». Nació de esa
presencia masiva de cineastas deseosos de hacer algo comprometido con
la realidad acuciante. Había mucha pobreza, humillación;
había mucha enajenación y había documentalistas
deseosos de poder expresarlo. No había canales para poder expresarlo,
no había forma de producirlos. Con la forma de trabajar y extraer
de los lugares donde hay dinero, éramos publicistas y la ganancia
se revertía en trabajos que eran de compromisos personales. Así
pudimos hacer todo un movimiento que se extendió durante mucho
tiempo por América Latina.
Eso
nos obligaba a algo muy imperioso. Habíamos jugado con el compromiso
político y eso nos obligaba a comprometernos cada vez más.
Al punto de que algunos compañeros que pertenecían a fuerzas
revolucionarias armadas trabajaban con un seudónimo, porque estaban
dentro de los movimientos armados. El caso de Raimundo Gleizer, que
fue mi alumno en la Escuela de Cine de la Plata. Realizó varios
documentales, entre ellos uno que se llamó «México, la
revolución congelada». Ese material le dio vuelta al mundo entero
y a su vez le permitió tener la oportunidad de adquirir fondos
para hacer su obra: «Los Traidores» sobre la historia política
sindical de Argentina. Eso le costó mucho a él.
A
partir de los movimientos políticos de América Latina
y sobre todo de Argentina, hablo del 69 y del 70, los cineastas que
estabamos trabajando en esa línea política nos íbamos
comprometiendo cada vez más a pesar nuestro, inclusive. A pesar
de que no queríamos hacerlo. Había riesgos muy serios,
a punto de que uno de los más serios, fue el secuestro y muerte
de Raimundo Gleizer. Días antes del secuestro, yo lo veo en un
laboratorio. El me comenta que va a permanecer firme en la tarea de
difundir materiales comprometidos. Yo le advierto que le convenía
hacerlo más desde afuera que desde dentro. El se rehusa y cuando
me toca ir a la gira por Europa, porque tenía que hacerlo, a
mi regreso ya lo habían secuestrado. Nunca más apareció.
Nunca más se supo de él, nunca se pudo encontrar, ni su
tumba, ni su cadáver.
Pero
el momento de compromiso político intenso que pudimos marcar
en Argentina, quedó para siempre. Los jóvenes lo recuerdan
y quieren volver a reeditar un poco esa aventura que fue el cine político,
el cine militante. No sé si hoy se podrá hacerlo. Yo ahora
revisando mi pasado, revisando mi trayectoria, estoy en un proyecto
que es el de hacer un tipo de cine que permita revisar toda esa historia
a través de un personaje que falleció no hace mucho tiempo;
Alejandro Palero que fue animador, productor de un tipo de cine muy
comprometido; motor de muchas producciones en muchos países,
de Sanjinés en Bolivia, de Glauber Rocha y Ruy Guerra en Brasil,
de Littin en Chile y de mucha otra gente.
Trato
de revisar un poco el pasado de nuestro cine y de nuestro compromiso,
porque tengo la impresión de que hay un olvido casi irremediable
y doloroso de un pasado que fue duro, en el cual peleamos por una utopía
y era realmente una utopía, pero que nos permitía vivir
con dignidad, sentirnos que pertenecíamos a la raza humana y
no éramos simplemente números. Que podíamos decir,
golpear, cantar, enojarnos y llorar, y cada vez que nos encontramos
algunos de los amigos que todavía quedan en América Latina,
recordamos esos momentos como los más ricos de nuestra historia.
Nuestro compromiso fue con la vida absolutamente digna, absolutamente
hermosa y violenta.
Hoy
ya pasó el tiempo, hoy estoy en una etapa como dice la canción
«en tiempo de reposo» y miro hacia atrás y digo -«Esa historia
hay que contarla, hay que decirla, hay que hacer una película».
Estoy en ese proyecto. Tratar de hacer un film que recorra América
Latina desde los años sesenta hasta hoy para recordar a través
de la figura de Palero. Contar qué fue ese cine, un cine que
no tenía ambición de proyección comercial, que
no tenía ambición de pasar por la televisión, que
no tenía ninguna otra misión más que servir, de
ser útil; de ser una herramienta de trabajo y de conciencia.
Bueno estoy en eso. Espero, no se si este año que viene o el
otro, espero que la parca no me lleve a destiempo y me permita llegar
con un documento que podría ser un testamento del cine latinoamericano.
Muchas gracias.
Intervención
de Carlos Martínez Assad, licenciado en
Sociología por la UNAM y Doctor por la Universidad de París,
docente en varias universidades y ex director del Instituto de Investigaciones
Sociales de la Universidad Nacional Autónoma de México.
Autor de obras históricas, ensayo y narrativa. Jurado en festivales
de documental, conductor de series televisivas y coordinador de programas
de radio.
Buenas
noches. A mí como a muchos de ustedes ninguna imagen me es ajena.
En realidad crecí, a diferencia de ustedes, viendo noticieros,
escuela para entender lo que estaba sucediendo por todas partes. Hubo
televisión en mi casa hasta que tuve quince años, así
que fue una educación que nada tenía que ver con la televisión.
Pero me familiaricé rápidamente con los noticiarios de
cine por algo totalmente imprevisto. Yo era un niño muy pequeño
que vivía en un pueblo del estado de Hidalgo, cuando vi pasar
al candidato Adolfo Ruiz Cortines, quien intempestivamente me cargó
y me llevó al presidium. Estuve ahí sentado todo el acto
y los noticiarios de cine pasaron esas imágenes. Entonces mi
mamá invitaba a sus amigas al cine para presumirles y fuimos
diario al cine durante ocho días y ahí estaba yo con una
paleta que el candidato me había comprado, sentado en sus piernas.
En
realidad crecí viendo este tipo de noticieros del poder -eso
era lo único que había que ver, como ahora Televisa- en
donde solamente ve uno a los candidatos o a los Secretarios de Estado
en noticieros aburridos, incluso más aburridos que los de antaño,
en los que cuando menos se enteraba uno de los chismes de las casas
reales de Europa. Ya dedicado a mis estudios de sociología, me
empecé a interesar mucho en la fotografía, que es un verdadero
testimonio del acontecer de los movimientos sociales que han tenido
lugar en México. Indagando en los archivos, fui encontrando imágenes
filmadas y esto me motivó a intentar el rescate de varias películas
de los movimientos de Tomás Garrido Canabal.
En
un archivo pude localizar algunas tomas que sirvieron para certificar
la presencia de Saturnino Cedillo en la Convención de Aguascalientes.
Casi siempre he podido tener un referente visual en los trabajos que
he escrito de historia.
En
realidad de lo que quiero hablar es de los movimientos sociales. Creo
que los compañeros de la mesa se han referido a un abanico muy
amplio de movimientos, algunos que sí son movimientos sociales
y otros que prácticamente han sido guerras civiles. Si la revolución
mexicana se clausuró con el fracaso del movimiento popular que
la había sustentado durante los primeros años, y sus expectativas
canceladas y frustradas durante muchos años, la movilización
social volvió a tomar vitalidad en México. Quizá
podríamos coincidir en que a partir del 68 se abre esa emergencia
de lo popular con antecedentes muy importantes en las luchas ferrocarrileras,
de los electricistas, en fin, en toda una gama de movimientos que se
dieron en nuestro país.
Pero
mi relación con el video, ya lo he apuntado, nace paralelamente
con mis investigaciones de los movimientos regionales que tuvieron tanto
impulso en los años veinte en México, después de
que la revolución desarticuló el estado centralista que
había impuesto el porfiriato. En varios libros he analizado el
carácter de estas movilizaciones que vuelven a apagarse hasta
los años setenta en que se da un nuevo desplazamiento de escenario
y un país, centralista por tradición empieza a vislumbrar
lo que acontece en sus regiones y esto tendrá un peso bastante
definitivo. De hecho, creo que de estos movimientos que van a coincidir
con lo que ahora se llama «tránsito a la democracia» encontramos
un paradigma en el estado de Tabasco. Esto es mucho antes de López
Obrador, porque en 1976 hay verdaderos levantamientos campesinos que
defienden sus propiedades agrarias frente al embate de PEMEX, que tenía
ya para entonces un impacto muy fuerte en la región. Estos fenómenos
sociales se distinguen de los del pasado por la diversidad que representan,
la pluralidad que abarcan, no solamente en componentes sociales sino
en composición ideológica.
Por
ejemplo, analizando la lucha por las indemnizaciones de los campesinos
tabasqueños, una de las cuestiones que más me sorprendió,
es que estos movimientos estaban organizados por comunidades no católicas,
comunidades de vínculo metodista. Esta situación permitió
ver que estaban apareciendo en México, actores sociales que antes
no habían sido considerados. Este caso en particular aparece
en los trabajos de Carlos Mendoza, hechos antes de que se formara el
Canal 6 de Julio del que después sería uno de sus promotores.
El comenzó a interesarse en los movimientos que estaban ocurriendo
allá y uno de sus primeros documentales, que tuvo mucha divulgación
se llamó Chapopote, trataba precisamente de la lucha campesina
contra la explotación a que los sometía la empresa petrolera.
Este documental fue el primero de una serie para la que después
hizo Chahuistle, después no me acuerdo del otro che,
creo que fue Charrotitlán. Tal vez el interés de
Mendoza en estos movimientos se debió a la riqueza que los diferentes
actores expresaban.
Posteriormente
otro movimiento que hiciera erupción en México y que fue
un problema importante en la historia del país fue el de Salvador
Nava en San Luis Potosí, que llevó otra vez al municipio
a la escena nacional como un lugar de competencia política y
de defensa de los intereses locales frente al estado central. El movimiento
de Salvador Nava tuvo diferentes momentos y me vuelvo a encontrar a
Carlos Mendoza documentándolo precisamente en la «Marcha por
la Dignidad». Queda la memoria de aquellos días en los videos
de Mendoza. En realidad yo no me proponía hablar de él,
pero veo esa coincidencia entre el sociólogo o investigador y
el realizador enlazada a través de los fenómenos sociales.
Después
tuve la oportunidad de estar presente durante las reñidas elecciones
de López Obrador, candidato del PRD en Tabasco, cuando el candidato
ganador, Roberto Madrazo, tomó el palacio de gobierno y se dieron
escenas que permitían pensar en algo semejante a una guerra civil:
tanquetas, incendios, balazos. Yo estaba ahí ese día y
lo que me parece en extremo interesante del video es que yo no me di
cuenta de todo lo que después logré ver en el material
filmado, conjuntado en ocho horas. Lo de Tabasco sigue siendo un territorio
donde los intereses políticos oficiales parecen haber predominado.
Entonces
llegamos al fin del siglo prácticamente como lo habíamos
empezado; como un estallido de muchos movimientos en diferentes lugares
que luchan por distintos objetivos.
Como
creo que lo importante de una reunión como esta es el debate
que se pueda dar, quisiera finalizar señalando dos problemas
que veo en la labor tan importante y que aprecio mucho de los videoastas.
Los
documentalistas nos han ofrecido un rostro donde lo social aparece más
claramente. a diferencia, con algunas excepciones, de lo que podemos
ver transmitido por la televisión oficial y digo oficial porque
aunque se cambie de canal siempre se ve lo mismo. Esa es una cuestión
muy importante: los videoastas tienen muchos problemas para competir
con la información y la orientación que viene de la televisión
que cuenta con tantos recursos. Y hablé de algunas excepciones
porque pudimos lamentablemente, presenciar lo ocurrido en Aguas Blancas
y un poco de lo de Acteal. En fin que hay algunos videos producidos
por las grandes empresas que sí reflejan de alguna manera, la
realidad nacional.
Sin
embargo, frente a ellas el realizador tiene un desafío que no
sé como va a enfrentar porque tal vez no ha sido tan consciente
de la importancia de su trabajo. Seguramente Jesús H. Avitia
o Salvador Toscano nunca supusieron que sus imágenes iban a prevalecer
por tantas décadas, que iban a ser los documentos fehacientes
de la memoria histórica de ese momento tan importante de la historia
nacional como lo fue la revolución.
Más
aún, la realidad misma irrumpe en la ficción. La película
Vámonos con Pancho Villa, rescata varios shots de las filmaciones
de Toscano y de Avitia. Después en varias películas mexicanas
como Las mujeres de mi general con Pedro Infante y otras, de
pronto hay planos de Toscano, que fueron tomados de las películas
de Fernando de Fuentes.
Entonces
creo que parte medular de la discusión debe ser el cómo
enfrentar esa fuerza brutal de la televisión, capaz de conformar
y estructurar a las conciencias. Ya veremos el próximo 2 de julio
cuanta gente va a votar por la imagen más que por los programas
de los candidatos.
El
otro desafío tiene que ver con una experiencia personal. Entrevistando
a los antiguos partidarios de Tomás Garrido Canabal en Tabasco,
donde hubo un movimiento muy fuerte de profesores y profesoras que lo
apoyaron y contribuyeron con él a la divulgación de la
propaganda antifanática, anticlerical y antialcohólica,
pasé varios meses preguntándoles sobre sus experiencias,
sobre los libros que utilizaban en la enseñanza y otras cosas.
Algunas veces aceptaban hablar y otras no se acordaban. En fin, publiqué
mi libro y posteriormente hubo una persona interesada en rescatar esa
historia en video y se fue a Tabasco, un poco con mi orientación.
Mi sorpresa fue cuando la videoasta me habló para describirme
los grandes avances de su trabajo. Me muestra el video, transmitido
por el Canal 22, y empiezo a ver que los entrevistados están
recitando partes enteras de lo que yo había escrito. Entonces
me entró una crisis de conciencia muy fuerte, porque si yo me
había equivocado, el video perpetuaba la equivocación,
ya que aquellas personas no relataban sus vivencias sino lo que yo había
contado de ellas. Ahí queda la duda de hasta donde mi distorsión
podía haberse reflejado de manera brutal en los personajes del
video. Para mí, en eso consiste el peligro de la distorsión.
Creo
que fui invitado a esta reunión, entre otras razones, porque
Margarita Suzán y yo frecuentábamos los cineclubes que
tuvieron una época de oro en los años sesenta en la UNAM,
donde vimos a los clásicos del documental como Morir en Madrid,
Setenta primaveras y muchos sobre la revolución cubana. Era
un momento de gran efervescencia y en esa efervescencia estábamos
cuando vino el 68 y después vimos El grito. Creo que en
realidad el video o el material fílmico realizado con el esfuerzo
de gente independiente, que sin grandes medios recurre a este procedimiento
para dejar un testimonio de lo social, es algo digno de encomio y ojalá
que tuvieran mayor suerte, que se conociera más su obra, que
los mismos jóvenes frecuentaran más este tipo de trabajos
y de esta manera, si no quitarle el público a la televisión,
sí cuando menos propiciar que dicho público también
pudiera ver documentales que le dieran una percepción clara y
verídica de lo que es su sociedad. Gracias.
MESA
REDONDA:
MOVIMIENTO EN TORNO A LA DEFENSA DE: LOS DERECHOS HUMANOS, LA DEMOCRACIA
Y LA PAZ Y LA DIVERSIDAD SEXUAL.
Moderadora
y ponente: Rocío Culebro
Intervinieron
en la mesa, además, el Lic.
José Antonio Jiménez Estévez y Arturo
Castelán de la Cruz.
Intervención
de la Licenciada Rocío Culebro, Directora de Amnistía
Internacional, sección México.
Empezamos
con el tema de la mesa. Disculpen la ausencia de la Licenciada Marie
Claire Acosta, quien iba a dar una reseña de la importancia de
estos movimientos en el tema de los derechos humanos y la construcción
de la paz. Como no ha podido llegar, brevemente yo les haré una
reseña de cómo desde México y desde las experiencias
de las organizaciones civiles de derechos humanos, vemos que se ha ido
construyendo parte de esta democracia como su título lo indica.
Después, pasaremos a la experiencia de nuestros dos ponentes
de cómo desde la investigación y la realización
de manera conjunta, han podido dejar testimonio de diversas problemáticas
que nos interesan, es decir, cómo contribuimos en algo donde
el objetivo es común y es el de una sociedad más democrática,
más tolerante y donde haya menos discriminación en todos
los sentidos.
Para
nosotros, las organizaciones sociales y civiles en derechos humanos,
vamos empezando a contribuir en la construcción desde el concepto
de la integralidad de los derechos humanos, es decir, tiene que ver
con los derechos civiles, políticos, económicos, sociales
y culturales; y con los derechos de la llamada tercera generación,
que son el derecho a la solidaridad, la paz y el derecho al desarrollo.
Desde
esta perspectiva que es muy general, cada una de estas organizaciones
que hemos participado en los últimos 10 años, tenemos
nuestras propias especificaciones. Yo creo que en varios países
de América Latina, en estos momentos estamos en un proceso bastante
particular y que es justo esta construcción de democracia. En
México estamos a unos días de las elecciones y si no fuera
por una sociedad que es cada vez más participativa e interesada
en estar en estos asuntos de interés público, no estaríamos
viviendo estos momentos de expectativa grande con respecto a los resultados
de estas elecciones. Esto es así porque hay una sociedad mucho
más viva, más arriesgada en participar.
Ante
la ausencia de respuestas gubernamentales, las demandas de la sociedad
de alguna manera han tenido que ser cubiertas por las organizaciones
civiles. Basta recordar el movimiento urbano popular que se inició
en México a partir del terremoto del 85. Después del devastador
resultado de éste, cientos de personas se quedaron sin sus casas
en la ciudad de México. La demanda por vivienda es un factor
que hace que se organicen los ciudadanos en torno a un asunto muy particular
como lo es el derecho a la vivienda. Ahí, la sociedad empieza
a organizarse de manera independiente.
En
1988, pasamos por una frustración ante la ilegalidad de un proceso
electoral del que nunca en realidad vamos a saber los verdaderos resultados.
Los ciudadanos se reorganizan y otros que no habían participado
en la política, empiezan a crear organizaciones sociales y ciudadanas
en defensa del voto y en la observación los próximos procesos
electorales. Las organizaciones sociales no representan a nadie más
que a sí mismos, no buscan la toma de poder. Los partidos políticos
representan a muchos mexicanos, pero la diferencia es que desean asumir
el poder. 1990, es un período en que en México empiezan
a sonar esos casos de violaciones a los derechos humanos. Casos de tortura,
asesinatos, narcotráfico. Quizá la violación a
los derechos humanos siempre ha existido, la diferencia es que la ciudadanía
empieza a atreverse a denunciarla. Pero también porque hay organizaciones
sociales civiles que están dispuestas a recibir las denuncias
de la sociedad y empiezan a construir un camino distinto. Igual sucede
con otro tipo de organizaciones.
En
México se da un acuerdo de libre comercio con E.U.A. y por primera
vez el gobierno reconoce que hay que trabajar en el tema de los derechos
humanos y creación de la Comisión Nacional de Derechos
Humanos. Sin embargo esta concepción de ¿qué son para
el estado los derechos humanos? queda muy limitada. La defensa de los
derechos humanos, la promoción de estos por parte de las autoridades
sólo se va a restringir a ciertas garantías individuales,
dejando fuera la diversidad sexual, la ecología, los derechos
electorales, laborales. Es decir, si bien hay un paso importante porque
el gobierno reconoce que se violan los derechos civiles y políticos
y quizá porque es la demanda más sentida, todavía
estamos en esa lucha porque hay muchos derechos y muchas cosas que desde
el gobierno aún no hay un compromiso por defender.
En
1994 tenemos un levantamiento armado. El tema indígena está
presente, pero estaba rezagado, olvidado, no solo por las autoridades
sino también por muchos ciudadanos. El levantamiento armado viene
a sacudir las conciencias de muchos mexicanos y a decir: «ojo, ahí
hay un problema, hay que resolverlo». El movimiento ciudadano se moviliza
de tal manera que desde nuestra experiencia, pensamos que se contribuyó
a parar casi de inmediato esa guerra que pudo haber sido más
prolongada. Es verdad que por el momento no hay un acuerdo, pero por
lo menos se detuvo el disparo de armas. Evidentemente ha habido muchas
muertes, muchos asesinatos, detenciones ilegales y arbitrarias, desaparecidos
indígenas en Chiapas, pero la guerra como tal, en ofensivas como
fue la de enero, no existe hoy en día, entre otras razones, porque
la ciudadanía toma parte de esa defensa. Hay una gran movilización
y se empieza entonces a hablar de la necesidad de la construcción
de la paz y de la resolución de conflictos. La paz no sólo
tiene que ver con conflictos armados, porque la paz va más allá;
la paz tiene que ver con el respeto de los derechos de las minorías
y de las diversidades culturales, identidades y sectores. Es ahí
donde se empieza a pensar en el concepto de paz.
En
1996 hay una masacre en Guerrero en contra de los campesinos. La conocida
masacre de Aguas Blancas, donde mueren 17 campesinos y varios quedan
heridos. Por cierto, en ese sentido el video cumple con un papel muy
importante, ya que se vuelve medio de denuncia. Gracias a un video que
fue presentado en la televisión y que finalmente contribuyó
a hacer una gran denuncia.
En
1997, el tema de los derechos humanos ya no solamente es un tema de
interés a nivel nacional, sino que pasa al ámbito internacional.
Las organizaciones aprenden a hacer uso del derecho internacional. Los
pasillos de la ONU, la OEA, son también compartidos con las organizaciones
civiles.
El
tema no es solamente importante por que las ONG's han salido al ámbito
internacional, sino porque la globalización de la economía
nos lleva también a ese aspecto. La globalización está
también en los derechos humanos y en el respeto a los mismos.
Si bien hay veces que hablan de que se vulnera la soberanía de
los países al ir a denunciar hechos de violaciones en el extranjero,
creemos que esos son discursos del siglo pasado.
Si
hablamos de economías globalizadas, también estamos hablando
de políticas sociales y en materia de derechos humanos, que son
globales. Por eso existe la ONU y la OEA, con todos los asegunes que
ya sabemos, pero esto ha sido importante para los derechos humanos.
Tan es así, que hoy hay cumbres. Hoy se está llevando
una cumbre social en Ginebra a través de Naciones Unidas. Hay
cumbres para discutir los derechos de la mujer, la ecología y
de los trabajadores.
La
ciudadanía ve que una forma de participar en la política
pública, no solamente es a través de los partidos políticos
sino a través de la creación y fortalecimiento de movimientos
sociales y ciudadanos, y entonces tenemos grandes redes temáticas
y regionales. Redes que luchan por los derechos de las mujeres, de los
niños, que luchan por los derechos lésbico-gay, etc.,
y también por la democracia a través de la observación
electoral, de la participación pública mediante las demandas
específicas y concretas. Estas organizaciones son cada vez más
importantes en la vida política de cualquier país. Son
un contrapeso necesario que requiere la democracia. Es ir construyendo
esa democracia. Hay grandes esfuerzos múltiples e interdisciplinarios.
Creo
que en ese sentido, somos hoy una organización social más
fuerte, sin embargo no tan fuerte como para poder contribuir al cambio
de políticas establecidas por los gobiernos. Todavía necesitamos
de un mayor esfuerzo, una mayor organización, una mayor presión
para poder ir modificando las actitudes de intolerancia por parte de
las autoridades.
Finalmente,
creo que todos desde nuestros espacios, lo que hacemos es tratar de
contribuir a una cultura de respeto a los derechos humanos desde la
integridad del concepto mismo. Esto es muy importante, porque en México,
a través de estas campañas que ha habido para desvirtuar
la labor de los que trabajamos en derechos humanos, se ha difundido
el concepto erróneo de que nos dedicamos a defender los derechos
civiles y políticos. Coincidimos todas las organizaciones en
tratar de contribuir al fortalecimiento de un estado de derecho, si
no tenemos un estado de derecho, entonces no podríamos decir
que vivimos en un estado democrático.
En
México mientras no se respeten los derechos humanos, no podremos
decir que vivimos en un país democrático. Eso pasa por
todo un cambio, no solo de actitud sino también pasa por una
serie de propuestas y cambios legislativos, pero pasa sobre todo, por
una voluntad política que hoy en día todavía no
tenemos. Nosotros seguimos trabajando desde nuestros espacios con la
esperanza de poder construir esta democracia para todos. Queremos, como
organizaciones, participar en la discusión y toma de decisiones
con nuestras propuestas, queremos ser un contrapeso cada vez más
fuerte y que los gobiernos sepan que ya no se puede gobernar sin la
participación de la ciudadanía organizada y sin la participación,
por supuesto, de los partidos políticos que son parte de esa
sociedad política. ¿Cómo poder contribuir entonces, desde
cada uno de nuestros espacios?, entre otras cosas, con acciones como
lo que hoy está haciendo este Encuentro.
Son
bienvenidos todos los esfuerzos, sobre todo bienvenidos los esfuerzos
que vienen desde el arte, que vienen desde la cultura y desde la comunicación
alternativa. Finalmente estos son uno de los medios más importantes
para dejar testimonio de las luchas sociales, de lo que se ha vivido
en las distintas sociedades y tiempos, y que también ayudan a
contar con más elementos de análisis y discusión
como son los testimonios que se dejan a través del video.
Hay
que seguir fomentando este tipo de comunicación alternativa,
no solamente para el uso entre las organizaciones sociales sino también
para ir penetrando en el resto de la sociedad. El registro de estos
esfuerzos, está ahí en los videos, y resolver estos pendientes
nos corresponde al resto de la sociedad. Muchas gracias.
Intervención
de José Antonio Jiménez, Licenciado
en Psicología por la Universidad de La Habana, graduado como
Productor de Programas de Televisión, es profesor auxiliar adjunto
de la Facultad de Periodismo de la misma universidad. Presidente del
Movimiento Nacional de Video de Cuba y productor, conductor, co-guionista
y asistente de dirección del programa EN VIDEO, realizado por
el mismo Movimiento.
Cuando
me invitaron a esta mesa, pensé que es una problemática
bastante compleja de muchas aristas y todo el mundo la interpreta a
su forma y por eso es muy polémica. Yo me ubiqué mentalmente
que nosotros íbamos desde la óptica del video y un poco
su función en torno a la defensa de estos procesos democráticos,
los derechos humanos, la diversidad sexual, la paz y otras cosas. Es
complicado. Yo por supuesto no voy a hablar de México porque
no me corresponde, no tengo hecho un análisis sobre la problemática
en México y no es el campo que debo abordar aquí. Pero
desde una óptica más universal sí, ubicándome
en este aspecto del video quizá pueda trasladar algunas consideraciones
que ojalá no generen más problema, porque siempre que
se habla de un problema se generan más problemas en vez de aclararlos.
Yo
recuerdo que una vez estuve trabajando en un tema sobre la cultura y
cuando uno se adentra científicamente a un concepto de estos,
yo me acuerdo que estuve cerca de un año tratando de averiguar
el concepto de cultura. Un concepto muy complicado. Entonces, la cultura
como es el resultado de todo el proceso de surgimiento del hombre, pues
es una cosa demasiado amplia. Siempre que oigo hablar de derechos humanos
y todos esos procesos sociales, pienso en dos cosas: primero, que todavía
el hombre está perfeccionándose. La sociedad que surgió
está perfeccionándose y por supuesto como todo es perfectible,
nada realmente es ideal y todo tiene un lado positivo y negativo, por
lo tanto siempre he pensado que la sociedad perfecta no existe.
Ustedes
conocen la canción de Pablito Milanés que dice «que no
somos una sociedad perfecta». En el caso de Cuba nos ha tocado, no se
si como un elemento a favor o en contra, que nos exijan la perfección
en la sociedad y cuando uno empieza a comparar la situación de
Cuba, la que ha tenido en su historia y en su momento, empieza a darse
cuenta de que el problema del desarrollo social compete mucho a las
características propias de cada país y de su población.
Esto siempre lo he tenido en mente porque decía Martí
que «hasta el sol tiene manchas». No creo que pueda haber una sociedad
tan justa que sea la perfección, de lo que se trata es el cómo
desde que surgieron las clases, pasa esto. Cómo la clase que
domina en definitiva es la que lleva a cabo todo lo que sucede en la
sociedad y va tratando de satisfacer todas las necesidades de esa población.
Yo
siempre he visto el problema de la siguiente forma: evidentemente no
hay gobiernos perfectos. Toda sociedad al organizarse trata de mejorar,
pero el mejoramiento siempre tiene fallas. Por supuesto siempre afectará
a lo que serían determinados grupos y determinados segmentos
de la sociedad que pueden o no tener la posibilidad de resolver o mejorar
su existencia y otros no. En definitiva se trata del concepto que los
sociólogos llaman «cambio social». Se tiene que partir de concientizar
a los integrantes de la sociedad. En la medida que los grupos tiene
más participación, los concientizan más de los
problemas, van mejorando. Ahora los políticos son los que llevan
a cabo todos estos procesos. Unos más impositivos, otros más
democráticos, unos más inteligentes y otros menos.
Las
ONG's que son un producto de los últimos tiempos para acá,
evidentemente son creadas para llenar vacíos que los gobiernos
no han resuelto y un poco se convierten en una vía. A las ONG's
hay que verlas entrecomilladas. Las mismas palabras lo dicen, son organizaciones
no gubernamentales. No están comprometidas con el programa de
gobierno. De los propios estudios que han hecho los americanos se sabe
que muchas de estas organizaciones hacen trabajo de inteligencia para
otros países. Pero visto en el ángulo positivo, las ONG's
han utilizado además de la investigación, a los medios
de comunicación, hoy por hoy imprescindibles para cualquier tipo
de toma de decisiones, de estudio, de conocimiento e investigación.
Entonces,
el video yo siempre lo he visto muy asociado a una vía, a un
instrumento que en manos de «X» asociación o en manos de «X»
persona o «X» país, puede contribuir o no al mejoramiento de
la calidad de vida en general. Hay que partir primero de cómo
es la organización política y de ahí analizar cómo
el elemento comunicación entra de una forma adecuada, transformadora
o cómo ese elemento no está dirigido al desarrollo de
la calidad de vida de esa población. Se puede plantear sociedades
cuyos medios de comunicación masiva están en función
de desarrollar la práctica de consumo irracional o que está
en función de imponer un sistema de ideas políticas o
está en función de dejar el camino abierto a que otras
fuentes puedan deformar la propia identidad cultural de un país,
o está el que no deja que todo mundo se exprese, no deja democratizar
la expresión de lo que sería su estructura social y en
función de eso se tiene que ir haciendo el análisis.
Yo
pienso que la experiencia del Movimiento Latinoamericano de Video, que
alrededor de los ochenta surgió en Latinoamérica, tenía
que ver mucho con eso. En esa época se hizo una evaluación
alrededor del espacio audiovisual latinoamericano, siempre con la óptica,
es una opinión, de que nadie ha hecho una transformación
social con el video, porque es un elemento que contribuye a lo que se
refería la colega que es concientizar.
Yo
siempre pienso, por ejemplo, en el papel que jugó el video en
Chile cuando la época de la dictadura. Los videoastas chilenos
tuvieron que hacer un esfuerzo, primero por la censura que se impuso
en Chile, al punto que todo lo que se publicaba en la prensa tenía
que pasar por una comisión censora. El video fue un arma que
tanto en forma clandestina como en forma más o menos abierta,
contribuyó a denunciar; recuerdo un programa que a principios
de los festivales de cine se premió, que era más bien
una visión antropológica de Chile. Era una cosa muy sencilla,
iban a los lugares más subdesarrollados y mostraban esa miseria
que existía, esa es una forma de utilizar este medio en función
de concientizar grupos. Una de las funciones fundamentales que tiene
el video es ubicar y denunciar un hecho. Claro, depende de la sociedad.
Durante la dictadura de Pinochet ustedes denunciaban un hecho y al otro
día ya no existían. El comunicador tiene que saber ubicarse
estratégicamente para lograr lo que quiere sin que se exponga.
El
otro es recoger la memoria histórica. Yo pienso que como las
sociedades van transformándose por generaciones, llega un momento
en que la generación nueva va olvidando sus raíces y eso
es muy lamentable. Yo ponía el ejemplo de un amigo que estaba
en Quito y en medio de la discusión de estos asuntos de la comunicación
y de lo que entonces ya se denunciaba mucho, el proceso homogeneizador
de la industria cultural televisiva y de los procesos de desregulación,
es decir abrir el camino para que todo mundo pudiera invertir libremente
en la privatización, tocábamos el tema de la identidad
nacional. Él tenía un hijo de ocho años a quien
le preguntó sobre su país, una cultura de altiplano, andina,
que no tiene que ver nada con el norte. El niño no supo contestar.
Luego le pregunta por los jugadores del equipo de béisbol de
los Mets de Nueva York. El muchachito los dijo todos. Después
le preguntó ¿a qué fiesta había ido la semana pasada?
«A Halloween» le respondió. Cuando tu le preguntas a esos niños
sobre sus próceres, sobre los que crearon su identidad ecuatoriana,
es que no lo saben. Por ese proceso quizá el mundo llegue a ser
un solo sistema político y todos serán iguales, pero por
ahora no se puede ser así. Porque no es así. El hombre
lamentablemente se ha encargado de no organizar correctamente los estados
o por lo menos no lo ha logrado hacer muy bien, porque en todos los
países en el mundo es la misma problemática. Entonces
uno tiene que plantearse desde el punto de vista de la comunicación,
cómo contribuir a este proceso de perfeccionamiento. Yo creo
que en estos dos ángulos está el problema.
El
movimiento de video latinoamericano del que les hablaba, tenía
como aspiración precisamente ser una alternativa. El video independiente
que es el que no está comprometido con el lenguaje oficial debe
ser una alternativa. Mucha gente piensa que el video es televisión.
Todo mundo piensa que la función del video es entrar a un mecanismo
de comunicación, entre paréntesis oficial, que aunque
sea privada es oficial. En Estados Unidos, el país más
desarrollado del mundo, la televisión privada maneja la noticia
y la manipula, como quiere. A veces se piensa que denunciando un hecho
que es contra el gobierno están haciendo un bien y quizá
están mandados por la misma gente que pone el gobierno. El cuento
de la neutralidad y de la misión independiente de la prensa,
es bastante difícil de creer, por lo menos para los que han trabajado
en la información.
Quienes
piensan que el video es televisión, están errados. A veces
el video tiene una función de trabajar a nivel grupal y una forma
de concientizar a frecuencias bajas, porque en el sistema de televisión
tiene que hacer concesiones. Si usted denuncia un hecho que no le conviene
a un gobierno y éste es el que en definitiva tiene los recursos
de la televisión, es muy difícil que lo transmitan. Todo
este asunto de los derechos humanos, que son muchos, evidentemente tienen
que ser primero preocupación de los que trabajan en la comunicación,
deben estudiarse, porque además de la competencia natural, se
tiene que competir con un material de video contra un programa de entretenimiento
que es enajenador y se tiene que hacer conciencia en la gente entreteniéndolos
y logrando resultados.
Sobre
los movimientos políticos que ha habido en América Latina,
la gente asociada al video tiene mucha experiencia. Recuerdo cuando
en El Salvador, las denuncias expresadas en video fueron creando una
expectativa.
Ya
hoy por hoy hay posibilidad de ampliar la imagen, no solo por el video,
también por internet. Internet que bien utilizado o mal utilizado
tiene resultados.
Quiero
desarrollar esta idea, ya que también junto a los derechos humanos
se presenta el problema del programa político de cada gobierno
y sobre todo la independencia que pueda tener cada país y es
un tema complicado, que no puede estar alejado del videoasta, porque
éste en definitiva es un líder de opinión. Cuando
un videoasta toma de la realidad un hecho y lo denuncia y lo polemiza,
es un líder de opinión. Un hecho puede ser un reportaje
o un documental. Un documental presenta un punto de vista y pienso que
de lo que se trata también, es que todo el que hace video y trata
de ayudar a la transformación de su sociedad, debe tratar de
tener una concertación con sus semejantes para poder ir buscando
puntos comunes de baja frecuencia, como un elemento; como un sistema
único para transformar su sociedad y trabajar de forma coordinada
y no necesariamente debe ser una asociación popular, pero sí
tener el sentido de concientizar a la sociedad.
Lamentablemente
el Movimiento Latinoamericano de Video que tanta fuerza tuvo en sus
inicios desapareció un poco. La misma crisis económica
hizo que los cineastas pasaran al video; los videoastas que estaban
muy comprometidos, porque para esto hay que estarlo, muchos por necesidad
económica pasaron a la publicidad y al final cayeron en la misma
mecánica que estaban denunciando. Lamentablemente, las organizaciones
que defienden más los derechos de las minorías no tienen
los recursos y recurren a entidades financieras, las cuales dirán
te ayudo o no te ayudo, pero estos son los parámetros. Es una
situación bastante compleja y complicada.
Intervención
de Arturo Castelán de la Cruz, promotor
cultural, escritor y traductor. Educador sexual, articulista, crítico
y entrevistador. Director de Mix México, Festival de diversidad
sexual en cine y video.
Al
momento de estar preparando mi ponencia, había estado leyendo
cual era el tema y de que modo podía insertar la cuestión
de la diversidad sexual y el documental en los medios mexicanos y en
general hacer un poco de historia.
Mi
tema se enfoca mucho al video y al cine que se ha venido haciendo desde
los años treinta, más o menos en la fecha en que se realizó
una de las primeras películas sobre la homosexualidad y se llamaba
«Diferente a los Otros», que fue realizada por un comité humanístico
comandado por el doctor Magnus Hirschfeld. Digamos que a partir de esa
época se empieza a comentar que hay un movimiento gay que atrae
a personas muy distintas como al hermano del autor Vladimir Navokov
o a Thomas Mann que estuvo en ese mismo comité. Toda esta gente
estaba interesada en hablar sobre las sexualidades distintas en esa
época en la que todo era tabú, en la que se veía
más como un problema médico que como una cuestión
social.
Hemos
pasado de ser un problema psiquiátrico a ser una más de
las facetas de la diversidad social en el mundo. Ese salto ha sido bastante
extraño ya que siempre se ha tratado de figurar: ¿Qué
es lo que realmente la gente homosexual estamos pidiendo? Si estamos
pidiendo derechos específicos o estamos pidiendo derechos especiales.
Al momento en el que estamos nosotros descubriendo que tenemos una preferencia
o una orientación sexual distinta, de repente nos vemos con que
estamos criados con el programa de ver las cosas desde un punto de vista
heterosexual. Es un gran choque de ambas culturas, entre la cultura
hetero, en la cual crecimos, en la que vemos el sometimiento por cuestiones
de género, por cuestiones de raza, por cuestiones de edad y otra
que simplemente no está escrita en los libros, que no se nos
fue enseñada. Entonces uno trata de imaginarse y deconstruir
la identidad que nos dieron y construir una nueva. Eso es una problemática
al momento de pedir nuestros derechos.
Yo
siento que al momento que estamos construyendo nuestra forma de ver
nuestra vida, de amar y de existir, estamos también priorizando
y generalmente priorizamos a uno a partir del otro. Estamos priorizando
más la existencia de la persona, del yo, sobre la de la comunidad.
Entonces es muy difícil ingresar al activismo político,
a una toma de conciencia sobre los derechos políticos, sobre
el por qué no se tienen y por qué se deben pedir.
Este
comité científico alemán del que les hablaba, fue
destruido por los nazis en la II Guerra Mundial y el movimiento homosexual
se colapsó y se dio origen a las culturas «underground». Estas
culturas que estaban interesadas por cuestiones que se llamaban en esa
época homofílicas. El término homosexual es de
1897 y nada más lo utilizaban los médicos, ellos hablaban
más de homofilia en el sentido griego, en el sentido de belleza.
Todos esos eran grandes delitos y había modo de someter a los
que los cometían. En esa época Oscar Wilde, fue sometido
a un juicio por sodomía lo cual impactó a la sociedad
británica de la época en ambos sentidos: a favor y en
contra.
Todos
estos intelectuales de repente empezaron a ver que mucha gente estaba
siendo condenada injustamente por su preferencia y se empezaron a organizar
una serie de movimientos, que de ninguna manera buscaban lo que la mayoría
de la gente cree, que es que la gente homosexual está tratando
de perseguir a otros para volverlos parte de su comunidad; no, sino
que en realidad solo luchaban por sus derechos y por ser aceptados como
cualquier otra persona.
En
el devenir histórico empezaron a surgir comparaciones de la homosexualidad.
Trataron de compararla con otros movimientos sociales para que la gente
entendiera en qué consistía la diferencia y por qué
era válida esa opción de vida y por qué no debía
ser atacada y por qué no debía ser temida. Primero se
le comparó con el feminismo, movimiento que se preguntaba las
razones de la diferencia en cuanto a género: ¿por qué
un hombre gana más que una mujer? ¿Por qué las mujeres
siempre están sometidas en la casa? ¿Por qué las razones
de ese sometimiento?. Se empezaron a preguntar sí todo era biológico,
sí todo era construido. Esa pregunta fue la que utilizó
el movimiento gay-lésbico para empezar a incidir, si esto no
viene de la naturaleza entonces ¿somos o nos hacemos?. Que es una de
las grandes preguntas que se han hecho y que en realidad hasta quizá
carece de relevancia en cuanto a tratar de darle validez a una vida
humana.
Otra
comparación que se hizo fue con la raza. En los setenta americanos
ya había habido grandes choques raciales porque se creía
en la inferioridad de la gente negra y en la superioridad de la blanca,
nociones que venían desde el nazismo. Se decía que la
gente gay estaba siendo denigrada en la misma forma que la gente negra,
que no teníamos derecho a casarnos, como tampoco había
derecho al matrimonio interracial en esa época, entonces se utilizó
de modelo. Muchas feministas no están de acuerdo en que la homosexualidad
se compare con el feminismo, porque la situación es distinta.
La mayoría de los activistas homosexuales hombres, obviamente
nacen con los privilegios masculinos, entonces cuestionar ¿por qué
me hacen daño?, teniendo todos los privilegios, es algo que a
las feministas no les parece. Es el caso de las lesbianas que sufren
una doble discriminación, por ser mujer y por ser lesbiana.
Entonces
dentro del mismo movimiento han surgido divisiones de clase, de raza
e incluso de intereses y sin embargo la homosexualidad sigue siendo
de los temas que transmina a más campos del conocimiento como
la psicología y la sociología. El problema es que la homosexualidad
es una realidad paradójica. Las culturas que se han forjado a
través de la idea de la homosexualidad, son culturas del deseo
y la constante del deseo siempre cambia, siempre se está modificando.
La homosexualidad de los treinta no se construye igual que en los noventa;
el modo en el que aquí vemos la homosexualidad es muy diferente
al que vemos en Holanda o en Brasil, o en Africa.
Uno
se cuestiona ¿hasta qué punto estamos hablando de diversidad,
hasta qué punto la diversidad sexual es en realidad, una metáfora
que esconde un vacío?. Sí los movimientos homosexuales
son tan inclusivos, sí de verdad nos importa tener todo tipo
de personas que comulgue con nuestras ideas, o en realidad estamos tan
interesados en afirmarnos ante los demás, que somos capaces de
traicionar a otros grupos.
El
cine y el video han tratado de reflejar estos asuntos, específicamente
a través del documental. El cine y el video estuvieron mucho
tiempo invadidos de la imagen de Hollywood, que tenía ciertos
lineamientos muy específicos, en los que obviamente aparecía
la homosexualidad como un delito o adulterio. Siempre hubo una cuestión
sexofóbica. En los años treinta se establece una ley de
censura que perdura hasta los ochenta, cuando las leyes se desafían
y se exhiben varias películas sin censura amparándose
en cuestiones legales. La homosexualidad siempre fue el gran tabú
de todas las épocas. Se condenaron los desnudos, el adulterio,
las drogas, pero la homosexualidad siempre fue algo mal visto, como
algo delictuoso o en el mejor de los casos como un problema clínico.
Los personajes cinematográficos tenían una vida no valiosa,
por lo general se suicidaban o eran asesinados sin que a nadie le importara
o esta acción era aplaudida por el público.
Afortunadamente
aparece el super 8 y el 16 milímetros al momento en que los movimientos
gay-lésbicos vuelven a tomar fuerza en E.U.A. En 1969 en un bar
neoyorkino llamado Stonewall, de repente empieza a haber una serie de
travestis y lesbianas que se sienten molestos de que la policía
venga a agredirlos y deciden rebelarse en contra de estos abusos. Se
produce una rebelión muy similar con el caso de Rodney King,
cuando apareció un video que daba cuenta de la golpiza salvaje
que le ponen los policías a una persona, solo porque era negra.
Esta rebelión gay que duró tres días ni siquiera
fue registrada en los periódicos de la época. Entonces
surge el «Movimiento Contemporáneo de Liberación Homosexual»
y en Nueva York toman la cámara de super 8 para registrar estas
cosas que los medios de comunicación se negaban a transmitir
como no fuera deformadas, diciendo: los invertidos toman la calle y
peligran tus hijos.
Con
los documentales lo que querían hacer estos artistas, era llevar
imágenes y experiencias a dos tipos de audiencias. A una audiencia
gay, a la audiencia que les concernía y de la que salían
esos mismos trabajos, para concientizarlos de lo que estaba sucediendo
e incluso para levantarles la autoestima y decirles: tú eres
tan normal como cualquier persona y tienes los mismos derechos y la
obligación de pelear por ellos y de ser feliz. Por otro lado
estos documentales eran también una técnica de shock para
todas las personas que no pertenecían a la comunidad. Eran unos
documentales rebeldes, en los que se hablaba no precisamente de homofobia
pero sí de discriminación sexual.
Estos
dos tipos de documentales, empezaron a incidir en el momento en que
Russell Von Proheim, un director alemán, decide hacer una película
llamada «El Homosexual no es perverso, sino la situación en la
que vive». Decide llevarla a varios bares aunque no había en
esa época en Alemania una organización homosexual interesada
en la defensa de los derechos humanos de la gente gay. Lo empieza a
presentar y es un documental donde hay partes de ficción en las
que se habla de la imposibilidad de un romance por causas sociales y
donde otras personas explican su forma de ligar, en los baños,
las calles y la forma en que son extorsionados. Habla sobre todo de
la pérdida de la dignidad por ser homosexuales y el modo en el
que de repente se sentían cómodos con eso, diciendo: «Bueno,
ni modo, así nos tocó vivir», y otro cineasta decidió
cuestionar esta actitud, hacer una película y varios talleres
en ciudades alemanas. La gente comenzó a juntarse en pequeños
lugares, pero también en Hamburgo y en Berlín incluso
y empezaron a ver la posibilidad de crear grupos gays, tomando el modelo
americano que ya existía y que tomó fuerza en las ciudades
donde el sistema legal americano les permitía vivir adecuadamente,
como en el caso de San Francisco y de Nueva York.
Posteriormente
el video hizo lo mismo. Fue maravilloso que el video llegara a las regiones
del tercer mundo, porque era mucho más barato que el cine. En
el momento en que desaparece el super 8, solo queda la posibilidad de
filmar en 16 y 35 milímetros y es muy caro, aparte de que exige
una serie de requerimientos técnicos que no están al alcance
de todo el mundo. El video empieza haciendo lo mismo y se mete a lugares
de Latinoamérica como en Chile donde Francisco Casas hace un
documental sobre la situación de los homosexuales en su país
que se llama «Actos de Memoria», que es un video técnicamente
bastante deficiente, pero lo que se entiende es muy estrujante y es
muy molesto ver como gente tan culta y tan interesada en el bienestar
general han sido perseguidos por su propio gobierno y como se han vuelto
prisioneros de conciencia en su propio país.
Aquí
en México existen una serie de documentales que son más
bien registros de acontecimientos. Obviamente se ha tomado registro
de los congresos lésbicos feministas, de las marchas, como el
que se presentó en este festival llamado «Y sigue la Marcha Andando»
de Guadalupe Loera. También hay documentales afirmativos en los
que se relata la historia de alguien , como el de Rotmi Enciso del grupo
Telemanita, que narra la vida de una mujer que impacta por la forma
tan normal en que se puede vivir una situación lésbica.
Lo
que ahora se denomina cine gay, denominación que aparece en los
ochenta, resurgió a la par del festival de Sundance. Es un cine
en el que se trata de manejar imágenes no estereotípicas
de la gente gay. Ya no se intenta tomar la estructura hollywoodense
sino que se abordan otros temas. Ya se cuestionan algunas cosas que
se consideraban políticamente incorrectas y se retoman muchos
de los principios de las primeras películas de ficción
gays que se hicieron en los años cuarenta y posteriormente en
los sesenta y setenta donde se maneja el lenguaje experimental.
Ahora
los documentales tienden a coquetear con la frontera de la narrativa
y de repente algunos directores son intrusos de la realidad y empiezan
a modificar las situaciones para obtener escenas que los lleven a sus
objetivos. Ese es uno de los estilos que se está manejando. Obviamente
el otro es el documental subjetivo, de intimidad que está basado
en un concepto de collage muy psicoanalítico, incluso en el que
de repente está hablando una videoasta. Me refiero al documental
«Medias Mentiras» de Ximena Cuevas, donde esta muchacha está
comentando un día de su vida, habla sobre su pareja que es actriz
y que quiere hacer una película, pasa la entrevista que le hacían,
en la cual la están convenciendo de que ya que es una mujer moderna,
feminista, a favor del arte y demás, debe desnudarse para que
la película tenga éxito. Al mismo tiempo Ximena recorre
la ciudad y ve en varias partes cosas que la atraen del momento: en
una tele ve el informe presidencial y recuerda el momento en que Jesusa
Rodríguez le dio al presidente Zedillo un diploma bastante extraño.
En fin es una serie de asociaciones bastante chistosa y temible ya que
de repente compara una fiesta de XV años de un barrio pobre con
una en zona rica, en donde el objeto de deseo es una mujer.
Estas
son mis reflexiones en torno a la función del documental en la
temática de la diversidad sexual.
MESA
REDONDA:
INDÍGENAS
Moderador:
Lic. Guillermo Villaseñor, investigador de la Universidad Autónoma
Metropolitana-Xochimilco.
Intervinieron
en la mesa: la Lic. Bárbara Zamora, el Lic.
Virgilio Caballero y el realizador Guillermo
Monteforte.
Intervención
de Bárbara Zamora, licenciada en derecho por la UNAM, dedicada
a la defensa de los Derechos Humanos y Garantías Constitucionales,
y a la asistencia legal de problemas agrarios y penales a campesinos
e indígenas. Articulista en varios diarios y colaboradora en
programas radiofónicos. Es abogada del Bufete Jurídico
Tierra y Libertad.
«LA
FUNCIÓN SOCIAL DEL VIDEO»
Uno
de los principales problemas de las comunidades indígenas es
su aislamiento geográfico. Su lejanía de las ciudades
o cabeceras municipales y la falta de carreteras y de medios de transporte
agudizan este problema que impide que tengan acceso a los medios de
comunicación aún locales para denunciar hechos o situaciones
de violación a sus derechos humanos que viven cotidianamente.
La
problemática indígena era casi desconocida hasta enero
de 1994, cuando tuvimos noticias de que los indígenas del Ejercito
Zapatista de Liberación Nacional habían decidido luchar
por la vía armada, por trece demandas cuya legitimidad y justeza
nadie puede cuestionar.
Actualmente
la población que era totalmente ajena a la problemática
indígena se ha sensibilizado y hay muchas voces que piden respeto
a los derechos de los pueblos y comunidades indígenas, así
como la solución a sus demandas.
Son
múltiples los problemas que enfrentan los pueblos y comunidades
indígenas, entre otros, la violación sistemática
a los derechos humanos. Esta violación a los derechos indígenas,
se inscribe en la violación de las garantías constitucionales
a nivel nacional y en la ruptura del estado de derecho que se ha dado
por parte de las autoridades de los distintos niveles de gobierno y
en genera