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Memoria del Encuentro
Hispanoamericano del Milenio
de Video Documental Independiente:
Contra el Silencio Todas las Voces


EL VIDEO DOCUMENTAL INDEPENDIENTE

 

Los estudiosos del fenómeno cinematográfico han dedicado buena parte de su labor a definir al género documental, llegando a conclusiones parecidas aunque no tan precisas como aquellas que determinan el cine de ficción.

Se dice que la función del documental es retratar e interpretar la realidad circundante a través de imágenes y sonidos engranados en una trama convincente y bien construida que provoque un interés creciente en el espectador. Es una explicación sencilla que sin embargo, significa un verdadero reto a la creatividad del documentalista enfrentado a la necesidad de discernir, a partir de sus propios recursos, los acontecimientos que observa y quiere transmitir.

El género documental, depositario por antonomasia de la memoria auténtica, requiere para actuar con eficacia de un proceso analítico, de la finura de las calidades plásticas y sonoras manifestadas en la belleza del encuadre, del montaje, de la música; pero también de una toma de posición de su autor, ya que los hechos de la vida sólo cobran sentido cuando son investidos de significación.

Testimonio vivo del mundo y sus circunstancias, dueño de un lenguaje y naturaleza propios, el documental de carácter social es un espejo de la historia y un poderoso vehículo de información centrado en el hombre, sus afanes y sus luchas, como el gran protagonista.

El documentalista que aspira a sentar bases para motivar una acción transformadora, hoy tiene a su alcance una incesante y vertiginosa mutación tecnológica que mediante el video le permite producir una imagen de notable calidad, una importante celeridad en el proceso de edición y tantos efectos accesorios como su imaginación le demande.

No obstante, otras formas de producción audiovisual que aprovechan estas ventajas no exigen como al género que nos ocupa, de una rigurosa investigación previa, de la observación crítica del universo a analizar, de autenticidad y fuerza expresiva, y sobre todo de un compromiso ético de su autor.

Por razones que tienen que ver con lo antedicho, históricamente, salvo extraordinarias excepciones, el documental ha estado excluido del sitio que merece en el conjunto cinematográfico y audiovisual. Además, considerado con reservas por su poca rentabilidad, sus espacios de difusión se han contraído en tal forma que ha habido épocas de distribución casi clandestina de esas obras.

Este es el reto: el rescate de nuestra vocación dedicada a la producción de un mensaje de la cultura, entendida ésta como el conjunto de valores, usos y costumbres de una sociedad y un tiempo determinados, como medio para que una amplia concurrencia devenga de mero espectador en participante con voz propia, que sea capaz de romper el círculo vicioso de indiferencia hacia el género documental, soslayado por sus características, por la falta de apoyo y por la escasez de públicos interesados.

No es una batalla nueva ni solitaria, la coincidencia de preocupaciones de los documentalistas les confiere una extraña unión y un carácter casi de movimiento organizado a las diversas y distantes obras que se realizan en el continente americano. No es casual afirmar que la causa profunda que nos anima es la semejanza de condiciones de subdesarrollo y dependencia, una historia paralela y un enfrentamiento común a la paulatina pérdida de las identidades nacionales, de la conciencia y de la memoria, en un mundo diseñado para el triunfo de la vulgaridad y la banalización que facilite los gigantescos proyectos de consumismo y estandarización.

Por el contrario los documentalistas siguen convencidos, las obras presentadas en este Encuentro así lo demuestran, de que el proceder con mente y voluntad abierta a las diversidades, no implica la renuncia a los principios sino los enriquece con el aporte de sus especificidades. El proceso de enseñanza-aprendizaje de este evento es la riqueza de lo que implica generar un proyecto colectivo, compartido con los protagonistas tanto al realizarlo como al difundirlo, siempre y cuando la meta sea fascinar al espectador, tocar su corazón e invitarlo a pensar.

Ejemplo de estas inquietudes fueron los documentales exhibidos durante el Encuentro, que exponen temas tan diferentes como la situación que viven más de diez mil trabajadores en los campos freseros de California o de los transexuales en La Habana; las ideas libertarias que nutren al movimiento social en las primeras décadas del siglo XX, llevadas al Río de La Plata por los anarquistas, o los testimonios de los pueblos zapatistas en resistencia; las últimas horas en la vida de Salvador Allende o los valores de respeto, sacrificio y amor por los suyos de Violeta, niña indígena de la comunidad Emberá-Chamí; el movimiento de mujeres de Bolivia o las terribles consecuencias del cultivo del maíz transgénico, por citar solamente algunos.

Fue patente asimismo, la necesidad de reciclar nuestro imaginario al confrontarlo con otros, la urgencia del intercambio, de las discusiones, de los proyectos colectivos que hacen posible el surgimiento de una unidad más esforzada, dinámica y tenaz.

Fuimos testigos de cómo el documental se ha colocado en el sitio que le corresponde como parte inseparable de la conciencia de su época, utilizando las nuevas tecnologías que propician formas más democráticas de comunicación y perfeccionando las innovaciones que ha experimentado la forma de narrar, en fin, reforzando a las conciencias que aún se comprometen con los destinos colectivos y a los realizadores que se emocionan profundamente con la idea de recrearlos, transmitirlos, compartirlos.

Contra el Silencio Todas las Voces ha sido la voz expresada en un lenguaje multiforme, la imagen manifestada en distintos universos de indudable fuerza lírica, que viene desde el inagotable trasfondo de la experiencia sociohistórica de nuestros pueblos, de su creatividad, de su imaginación y su cultura.


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