Memoria del III Encuentro
Hispanoamericano de Video Documental Independiente:
Contra
el Silencio Todas las
Voces
HOMENAJE
A SANTIAGO ÁLVAREZ
26 de abril
del 2004
AUDITORIO “ALFONSO CASO”
COMISIÓN NACIONAL PARA EL DESARROLLO DE LOS PUEBLOS INDÍGENAS
Margarita Suzán:
Esta noche me dirijo a ustedes para presentar a Daniel Díez,
quien generosamente nos apoya con su intervención, ya que originalmente
estaba previsto que hoy estuviera con nosotros la documentalista cubana
Rebeca Chávez, por muchos años compañera de trabajo
de Santiago Álvarez, quien no pudo llegar a tiempo en virtud
del atraso, la lentitud y la indiferencia hacia el III Encuentro Hispanoamericano
de Video Documental Independiente: Contra el Silencio todas las Voces,
que manifestó el Instituto Nacional de Migración para
con nuestros invitados.
“Para ser un artista revolucionario hay que llevar angustias muy
definidas por dentro… hay que llevar por dentro un escenario de
acumulada experiencia, de inquietudes, de angustiadas vivencias”,
explicaba Santiago Álvarez. No eran gratuitas sus aseveraciones:
Nacido en 1919, su juventud transcurre en la empobrecida isla cubana,
gobernada por presidentes corruptos y lacayunos. Santiago emigra a los
Estados Unidos donde trabaja de lavaplatos en Brooklyn y como minero
del carbón en Pennsylvania. A su regreso a Cuba se une al Partido
Comunista y es puesto en prisión en varias ocasiones por sus
actividades dirigidas al derrocamiento del régimen de Batista.
Al triunfo de la Revolución Cubana y creado el Instituto Cubano
del Arte e Industria Cinematográfico, es nombrado Director del
Noticiero ICAIC Latinoamericano.
Desde entonces empieza a crear un basamento teórico propio que
le permite desarrollar lo que en palabras de Nicolás Dorr se
resume:
“Al trascender lo circunstancial, Álvarez encuentra los
resortes internos del asunto, sus antecedentes y repercusiones, y se
fuerza en mostrárnoslos –independientemente de la duración
del documental- en diversos niveles de síntesis y de expresión,
con lo que amplía también nuestra concepción intelectual.
Habría que precisar que su interés de comunicación
por vía emotiva, sentimental y casi sensorial se complementa
con la necesidad, simultánea, de aportar reflexiones o citerios,
en ocasiones con ánimo pedagógico. La convivencia de ambas
intenciones, como en Brecht, propone un tipo de acercamiento múltiple
y sacudidor que violenta las costumbres receptivas. La convivencia con
lo poético en Santiago Álvarez parece asegurar, aun en
lo estrictamente urgente del tema seleccionado, la vivencia personal
intensa que hace previamente suyo el hecho y nos lo devuelve como realidad
apasionadamente compartible. Es sólo cuando alcanza ese camino
de complicidad íntima, subjetiva, que logra involucrarnos, no
por manipulación, sino por solidaria identificación. Es
como si asistiéramos a un diálogo entre la interioridad
del yo creador y el interior de nosotros”.
Para los jóvenes documentalistas de los años 70, los del
Comité de Cineastas de América Latina, la obra de Santiago
fue un descubrimiento y un deslumbramiento. En nuestros trabajos de
entonces y de ahora se manifiesta la clara influencia de la creatividad,
de la imaginación y del aprovechamiento de los recursos por pobres
que éstos fueran.
Santiago también tuvo que ver con nuestras vidas personales.
No era para menos, su generosidad, su alegría de vida y la pasión
de su entrega a la Revolución Cubana nos fueron paradigmáticas.
En épocas de decepción en cuanto al abatimiento del cine
mexicano (esta historia circular) me aconsejó, con una frase,
entonces metafórica y ciertamente crítica. “Margarita,
siempre hay donde ir a cura negritos”. La entendí y la
recordé siempre, cuando ya estaba totalmente entregada a contribuir
con mi modesta ayuda a la construcción de otro proceso revolucionario.
Su viuda: Lázara Herrera afirma: “El genio, como yo le
llamaba cariñosamente, era infatigable, le robaba horas a la
vida, pues no quería desperdiciar su paso por este mundo. Decía
que si dormía mucho, eran horas que se restaba para cumplir con
todo lo que hervía en su bulliciosa cabeza.” De esa mente
salieron casi 700 obras.
Dejo ahora la palabra al compañero Daniel Díez, fundador
de un interesante proyecto de televisión comunitario llamado
TV Serrana, hoy Vicepresidente del Instituto Cubano de radio y televisión,
quien por muchos años trabajara al lado del extraordinario Santiago.
Gracias
Daniel
Díez:
También muchas gracias por la presencia de ustedes acá
e independientemente de la felicidad que tengo de verlos a todos.
Quisiera también dar las gracias al amigo Margolles de Prensa
Latina, viejo amigo de correr por el mundo en el trabajo periodístico,
también junto a Santiago. Gracias por estar acá.
Quisiera decir dos cosas breves, no pretendo atiborrar a nadie de información.
Santiago Álvarez comienza a hacer cine a los cuarenta y dos años,
antes nunca había tocado el celuloide, sólo tuvo las experiencias
como algunas que ha narrado Margarita, que se fueron acumulando en la
vida de este hombre. Cuando estuvo de lavaplatos en los Estados Unidos
conoció la discriminación racial en ese país, gracias
a eso, a haber conocido, a haber penetrado en ese mundo, es que es posible
que haya realizado un documental como el que vamos a ver hoy que es
Now, que trata sobre el fenómeno racial en Estados Unidos.
Santiago era un artista comprometido con las causas nobles, las más
nobles del mundo, por eso Santiago no sólo reflejó los
problemas y la vida, las alegrías y las batallas de la Revolución
Cubana, sino que también estuvo en Vietnam, Kampuchea, Guinea,
Estados Unidos, Nicaragua, Chile, que nos dolió mucho a todos.
En el folletico que ustedes tienen hay una idea expresada por Glauber
Rocha, el famoso cineasta brasileño que dice: “Una idea
en la cabeza, una cámara en la mano”. Así era Santiago,
así soñaba, así andaba.
Yo pudiera hacer muchas historias, muchas anécdotas, a partir
de los dieciséis años que trabajamos juntos, yo era sonidista,
musicalizador y hacía las veces de reportero, salía con
los equipos de filmación ya cuando pude entender un poco más
el cine, gracias a Santiago.
Yo
siempre he pensado qué anécdota puede definir cómo
era Santiago, quién era Santiago Álvarez y su pasión,
su obsesión por la calidad, por transmitir una idea y recordaba
hace un instante que lo que sucedió, ya hace muchos años
cuando el primer transplante de corazón que se realizó
en el mundo. Recuerdo que cuando eso acontecía que fue en los
años sesenta, sesenta y pico, sesenta y siete, sesenta y ocho,
por ahí está, allá en Cuba se recibían de
la Reuter unos rollos de película que eran los que se tomaban
y se ponían en el Noticiero, y el noticiero para Santiago no
era como los de la época, aquellos que se exhibían. El
noticiero casi se convertía en un documental, porque pensaba
que se exhibía en el cine mucho tiempo después de que
se había producido la noticia y era tomar esa noticia y convertirla
en un hecho artístico para que quedara siempre en la mente de
la gente, llegara a la razón a través de la emoción.
Y bueno, con esta noticia se recibió aquella imagen, era importantísimo
un transplante de corazón, pero se recibió sin sonido,
entonces montamos la escena, toda aquella secuencia de transplante de
corazón y Santiago quería un sonido de corazón.
Un sonido del corazón. Y fuimos a los archivos del Instituto
Cubano de Arte e Industria Cinematográficas, no funcionaba lo
que había en cintas anteriores porque no era el sonido que quería
Santiago. Él quería un sonido...ese sonido del corazón
y no podía ser otro. Nos fuimos al Instituto Cubano de Radio
y Televisión a buscar aquel sonido. Nada tampoco.
Nos fuimos a los discos, esos discos grandes de 78 revoluciones, estoy
hablando de aquella época, que se ponían en un tocadiscos
grande así, y se ponían con la mano y empezaban a sonar
los discos de los efectos. Pero tampoco eran los que nos funcionaban.
Buscamos unos imitadores que hacían sonidos del corazón
y tampoco era lo que se buscaba.
Serían como las cuatro o las cinco de la mañana, ya nadie
podía y Santiago no paraba, el quería ese sonido del corazón
porque él lo que necesitaba era expresar realmente aquello. Ya
todos estábamos que no dábamos más, las obsesiones
de Santiago que nosotros no entendíamos porque éramos
muy jóvenes. De pronto en el estudio se empezó a sentir
un sonido que era: tum tum, tum tum, tum tum, aquello parecía
un corazón, pensamos que era alguien que estaba haciéndolo
con la boca, no nadie, todos estábamos ahí reunidos, éramos
como ocho los reunidos en el estudio, alguien dijo: es alguien que golpea
en la pared, nada de eso existía, Santiago dijo: “Ese es
el sonido. ¿Dónde está? ¿Qué cosa
es?” Y el problema era que en aquella época cuando los
tocadiscos llegaban al final no regresaban atrás sino que la
aguja se quedaba en la parte no grabada y ese ruido que producían:
tum tum, tum tum, es el sonido del corazón que aparece en el
Noticiero ICAIC Latinoamericano, cuando se anuncia el primer transplante
de corazón.
Les hago esta anécdota, como les podría hacer muchas más,
pero creo que es una de las que define la personalidad de Santiago Álvarez
en relación con la obra. Era, si se puede calificar así,
implacable porque buscaba la calidad, lo óptimo y poder expresar
exactamente lo que él tenía, sus sentimientos. Eso era
lo que él necesitaba.
Yo creo que como esta anécdota que acabo de relatar puede ser
interesante para algunos, hay muchas otras, pero debo decir además,
que Santiago fue como un padre para nosotros. Y era difícil porque
a los genios es difícil seguirles los pasos y yo siempre he pensado
que Santiago era eso. Era un genio. Él lograba convertir los
defectos, en efectos. Hay un documental famoso donde están las
imágenes en blanco y negro quemadas, y eso fue porque él
las mandó al laboratorio y a la hora del revelado se les fue
la mano en el tiempo de revelado y se quemaron las imágenes,
que eran de unos soldados norteamericanos y cuando llegó Santiago
dijo: “Eso es lo que yo quería, porque eso es lo que les
pasa a los norteamericanos en Vietnam, se queman así, de esa
manera” Es decir, el sabía convertir estas cosas.
Yo no quiero atiborrarlos de más palabras, quien mejor puede
hablar de Santiago Álvarez es su obra y viendo Now que es excelente,
este bello documental dirá mucho más de lo que yo puedo
expresar. Muchas gracias.
Margarita
Suzán:
Ahora ya nada más habría que informar y que recordar que
mañana a partir de las 5 (17:00 horas) tenemos más documentales
de Santiago. Este documental de nuestro homenajeado que vamos a ver
ahora es una pequeña muestra de su obra, y aunque pequeña
en duración es una joya de la cinematografía mundial y
por eso decidimos exhibirla hoy. La muestra de mañana no desmerece
en nada, 79 primaveras, Ciclón, Una guerra necesaria, es decir,
que la obra de Santiago, y cuando se habla de 700 obras se puede pensar
que todas eran de 5 minutos, pero de la obra del excepcional cineasta
sí se puede decir que es un hito en la historia del cine latinoamericano
y si no como cubana, pero sí como latinoamericana puedo afirmar
que Santiago fue una influencia muy determinante, muy decisiva, en la
gente que en aquellos años empezábamos a hacer documental
y pensábamos que hacer documental era sencillamente poner una
cámara frente a una persona, frente a un hecho y que la persona
se expresara y que el hecho hablara por sí mismo y no nos habíamos
dado cuenta hasta que punto el tener las herramientas en la mano y echar
a volar la imaginación es el meollo, el principio del documental.
Lo fundamental del documental. Entonces empezamos a ver obras de Santiago
y advertimos que había muchos otros recursos, muchas otras posibilidades
que nos daba la tecnología de entonces que era, ciertamente más
rudimentaria que la de ahora, pero que el ejemplo de los documentales
de Santiago nos demostraba lo mucho que podía hacerse. Lo importante
ahora es seguir difundiendo los trabajos del documentalista cubano,
sobre todo para las nuevas generaciones porque si fue nuestro maestro,
bien puede seguir siendo maestro de los demás, porque la lección
fundamental no es: digitaliza tus imágenes, la lección
principal es: echa a volar tu mente justamente para lo que se acaba
de decir, para que esta pueda influir en el corazón. Gracias
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